domingo, 2 de junio de 2019

Un año más...

Gracias a todo el personal que se ha molestado en felicitarme por mi sexagésimo primer cumpleaños. Aunque yo no soy muy dado a celebrar estas cosas, de hecho el día de ayer fue un día como otro cualquiera y que pasé a solas, con mucha gente. A mí me gusta celebrar, y así trato de hacerlo, cada amanecer, cada puesta de sol, cada silenciosa noche. En definitiva, me gusta celebrar la vida, esa por la que a diario pasamos a veces sin ni siquiera darnos cuenta. Ayer durante mi diario paseo en bicicleta me paré a echar unas fotos a unos girasoles, eso es un verdadero regalo, repito, es vida. Cumplir años también acarrea su lado triste, ver que te faltan las felicitaciones de algunas de tus amistades de siempre, de las que realmente llegaste a conocer en vida y que Facebook se encarga de recordarte. Eso te hace arrancar una sonrisa triste. Recordar a todas las amistades y familiares que pasaron al otro lado. Pero como me gusta ser positivo, me quedo con el lado bueno, con el verdadero regalo, haber tenido la suerte de haber compartido grandes y no menos grandes momentos con ellos. Cuando te das cuenta llevas una hora ensimismado pensando en esos ratos y eres consciente de que ese es el mejor regalo de cumpleaños, haber compartido parte de sus vidas. No se puede recordar ni celebrar lo que no ha sucedido. Pues sí, amigos/as, vuestro recuerdo fue mi mejor regalo de cumpleaños, me tuvisteis casi todo el día entretenido con nuestras vivencias. Gracias por haber pasado por mi vida y por seguir estando en mi memoria. Mis ausentes presentes. 
Yo no cumplo años, cumplo recuerdos.
Álvaro Caputto Ruiz

domingo, 21 de abril de 2019

Tanto en tan poco...

Un fuego que te atrape, 
unas estrellas que te pierdan, 
una luna que te absorba... 
El sol que no moleste, 
compartir unas birras,
y ella, ocaso en la mar...

martes, 2 de abril de 2019

Y para colmo, la mar...


Esto, para mí, es belleza libre, armonía sin connotaciones sexuales. Me da igual si es una mujer, una trans o un músico jamaiquino. A pesar de no ser muy adicto a los tatuajes, he de reconocer que me encantaría me dieran la misma cantidad de tinta para rellenar el resto de su piel de versos.
Y para colmo, la mar...

sábado, 30 de marzo de 2019

Me encantaría bailar un poema sobre tu piel 
mientras tarareo tus labios... 
al son que tú le marques...

viernes, 22 de marzo de 2019

Aire...


Aire libre soy, invisible.
Siénteme sobre tu cara,
déjame mecer tu pelo.
Disfrútame, hazme brisa,
no me hagas huracán,
y jamás trates de agarrarme...

sábado, 2 de marzo de 2019

Despeñándome...

Y aunque pensaba que estaba seguro es mi atalaya
visto está que no era así. Tengo miedo, mucho.
Me dije que tenía que enfrentarme al fracaso, aun
desarmado. Me tiemblan las palabras en los dedos
y mi voz suena con estruendoso silencio. 
Llega la noche y aún sigue brillando el azul del cielo, 
me sonríe, me provoca, me invita a soñar...
¡Lánzate! Me grita en silencio, y yo sigo aterrado,
abrazado a una incierta ilusión. Con un miedo cerval,
cerré los ojos, y me lancé al negro vacío con la
esperanza de encontrármelo lleno de claridad.
Sigo cayendo a velocidad de viento descuernacabras,
esto no se acaba, no tiende fondo, mas ya no hay
vuelta atrás, es seguro que me estrellaré al final.
Cierro los ojos y me echo a morir, curiosamente al
cerrarlos se me enciende un sueño. Oigo una sonrisa
cautivadora que no sé en qué idioma, me decía:
Eres atrevido y osado pero sigue soñando, ese
es tu premio. Y aquí sigo, despeñándome...

domingo, 13 de enero de 2019

Historias arrugadas...

La piel arrugada,
llena de historias.
Miradas idas,
perdidas, escondidas...
Sufrimiento en
pergamino escrito...

sábado, 17 de noviembre de 2018

A veces...

A veces despierto escuchando el sonido de la máquina de escribir de mi padre. Otras veces es a mi madre a quien escucho teclear, pero entonces el sonido va acompañado siempre de su voz, llamando a alguno de nosotros. Otras veces despierto oyendo el jolgorio de mis enanas con sus cantos y juegos. A veces despierto sintiendo el calor frío del otro lado de la cama. Es entonces cuando soy consciente de que estoy semidesnudo y la casa demasiado callada. Nadie coloniza mi parte de la manta. Entonces no me queda más remedio que levantarme y asirme a la pluma que, por suerte, alguien dejó olvidada, hincada en mi nido lleno de vacío...