sábado, 31 de marzo de 2018

sábado, 10 de marzo de 2018

"LOS GRANDES OLVIDADOS"

(Recapacitando en voz alta)
Llevo durante bastante tiempo recapacitando sobre las catástrofes y crímenes que azotan nuestra sociedad, nuestro mundo. Hace unos días estuve a punto de vomitarlo todo pero, por respeto al dolor generalizado por la desaparición del niño Gabriel, me reprimí. Os puedo asegurar que con la noticia de la aparición de su cadáver me rompí totalmente, cosa que no llegué a sentir ni siquiera con la muerte de mi propio padre.
Pero hoy quiero recapacitar, e invito a cualquiera a hacerlo, sobre este tipo de noticias. La gente se ha echado a la calle, unidos por el dolor, para buscar al chico y luego para lanzar su ira contra la detenida. A diario mueren miles de niños en el mundo por hambre, enfermedades y bombas desquiciadas. Esos niños de desconocidos nombres están lejos, no nos afectan. Los pensionistas y las mujeres se manifiestan en pro de sus derechos, cosa que aplaudo, pero nadie se echa a la calle por las guerras lejanas, ¿para cuándo una huelga general a nivel mundial en contra de la guerra?
Por otro lado decir, que los asesinos y violadores también tienen familia, y sufren la ira de la gente, les señalan, les vejan, incluso hay familias que tienen que dejar sus domicilios, el lugar donde nacieron. No tiene que ser fácil vivir así, algunos padres de estos asesinos llegan a pensar que son culpables de los actos de sus hijos, que no han sabido educarlos, sufren por ello. A partir de ahora tienen que luchar entre tener que aceptar que son padres de un asesino y no olvidar, por otro lado, que son padres, simplemente. Algunos de estos asesinos o violadores, también estaban casados y tenían hijos, hijos que ahora serán señalados en el colegio, en la calle, etc. Dejarán de ser niños y mujeres anónimas para pasar a ser los hijos y mujeres de un asesino.
No voy a negar que los padres son los encargados reales de educar a su descendencia, padres y familia en general son los encargados de construir una sociedad sana, desde la cuna. Mas en cualquier lugar surge la mala yerba. Un campesino labra, siembra, riega y abona un campo de girasoles. A todos trata y cuida por igual, sin embargo hay plantas que no crecen al mismo ritmo, otras crecen dobladas y algunas mueren antes de florecer.
¿Qué culpa tiene el campesino?
Pido, desde este mi loco muro, que recapacitemos, que miremos más allá de nuestra propia calle o pueblo. Que somos parte de este mundo y por tanto nos debemos de preocupar de él entre todos. Sí, la familia y los amigos de los malos son "LOS GRANDES OLVIDADOS", y sufren también, porque son humanos.
De todo lo acontecido durante estas dos semanas, me quedo con las palabras de la madre de Gabrielillo:
"POR FAVOR, NO PROPAGAR LA IRA, MI PESCAÍTO ERA TODO AMOR Y NO DESCANSARÁ VIENDO TANTO ODIO, QUE SU MARCHA SIRVA PARA VER CÓMO CRECE EL AMOR EN EL MUNDO".
Increíbles palabras de una mujer a la que le acaban de arrebatar su único hijo.
De esas palabras sí que se sentirá orgulloso tu hijo. Has dado una lección tremenda de amor a los que la hayan querido ver.
El odio genera odio, el amor, más amor.
Álvaro Caputto Ruiz

sábado, 17 de febrero de 2018

JazzÓleo Abstraído...


Hace un par de horas, sin haberlo pensado,
decidí pasar la tarde de jazz acompañado.
La música y la voz me incitaron a escribir,
intuía un poema, pero lápiz no quise asir.
Usé una vieja paleta, que de colores colmé,
cerré los ojos y vaya lo que en la tela lié...

lunes, 29 de enero de 2018

No me puedes olvidar...

Te cobijas bajo el árbol desnudo, escondiendo tu soledad,
no sufras, yo vivo en las ocultas hojas que me dedicaste.
Te daré sombra o abrigo, te protegeré de la humedad.
No me puedes olvidar, yo no olvido lo que me escribiste...

sábado, 20 de enero de 2018

Tu beso olvidado...

Hoy, por fin, conseguí sacar 
de mi casa el último beso 
que te dejaste olvidado 
en la mesilla de noche...

No te asomes...

No te asomes a mis azules ojos ni espíes 
mi interior a través de sus cristales.
Éntrame, siéntete cómoda.
Mi sonrisa siempre está abierta...

jueves, 18 de enero de 2018

Sourire parfait...

De nuevo la ilusión llama a mi puerta. 
Me he enamorado de una foto en blanco y negro, 
de esas que no mienten, que cuentan sin adornos. 
La cocina de toda la vida, con aroma a especias, 
a carbón, al norte del oeste. El pelo recogido, 
un gris delantal, una sonrisa, un cumpleaños, 
unos ojos versados, unos oídos susurrados... 
sabor postrero, miel y bersos...
Frutha del paraíso.

viernes, 12 de enero de 2018

El gorrioncillo camuflado...

Llevo más de la mitad de mi vida de hospital en hospital, siempre con algún hueso roto o medio escacharrao. Rara es la parte de mi esqueleto que no tiene algún tornillo, clavo o cerclaje. Pese a lo que pudiera parecer, los médicos me dicen que tengo una salud envidiable, pese a mi azarosos y agostados años. Dicen que de calcio estoy magnífico y que es por ello el que me recupere tan pronto de mis intervenciones quirúrgicas. Algo inexplicable.

Hace unos años, en una excursión que hice por los Pirineos, me encontré un gorrioncillo aún desnudo, muerto de frío y que no paraba de piar. Se ve que se había caído del nido. Lo recogí y me lo traje a casa donde lo cuidé y mimé con sumo esmero. Lo quiero como si lo hubiera parido, pese al trabajo que me da porque caga como una persona mayor.

Hace unos días pasó por casa mi entrañable amigo Manuel Muñoz López, maestro cetrero de reconocida fama. Empezamos a compartir unos botellines, sólo los botellines puesto que los personajes como nosotros solemos llevar siempre encima un kit básico de supervivivencia, abridor incluido. Manué empezó a dar una charla increíblemente ilustrativa sobre las aves rapaces, disfruta el joío hablando del tema. Al poco, la conversación derivó sobre el último pavo que había sacrificado y que, plumas aparte, pesó 17 kgs. Ya empezaba a picarme la moral, puesto que sólo hablaba él y quise enseñarle mi gorrioncillo.

Le dije ar Manué que me acompañara a la terraza, que le quería enseñar mi gorrión, que ya andaba el puñetero con cerca de 7 kilos. Nada más verlo a mi amigo se le pusieron los ojos como platos y exclamó:

-¡Juer, eso es un Gypaetus barbatus!
+¡¿Qué dices Manué, con la tajá?!, contesté yo.
-Oñío, Caífa, que eso no es un gorrión, eso es 
¡UN QUEBRANTAHUESOS!

Mardita zea mistampa, ahora lo entiendo todo...