sábado, 17 de octubre de 2026

Prisión de silencio...

 

Prisión de silencio, apenas roto por persistentes lágrimas de lluvia. Imágenes que pasan a velocidad de ventarrón descuernacabras. Labios que se mueven sin emitir sonido alguno. Corazón que late demasiado tranquilo, al ritmo de la nada. Tabaco que sólo sabe a tabaco, como los cigarros tristes, esos que mueren entre los dedos, sin un antes. Momentos que van y vienen a su antojo, sin ritmo ni cadencia. Música sin oídos, orejas huérfanas, ojos sin luz. Muere octubre, cae la lluvia, nace la melancolía del que sabe que ya no hay vuelta adelante. Muere este triste día, lleno de goteras desbocadas, para darle vida a una nueva noche en el que el vacío tendrá un hueco enorme...


Melodía herida en tus labios...

De tus ojos sale poesía,
de mi boca, sales tú.
De tu sonrisa, alegría,
de mi mirada, un blues.
Melodía herida en tus labios,
grito de mis manos, temblor.
Tu adiós, todavía sonando,
mi voz, crujiendo sin tu color.
Eres el blues que grita bajito,
a las tres de la mañana,
con guitarra sin prisa, doliéndose...
Soy el que no sabe irse,
con acordes lentos, a medias,
masticando tu pérdida despacio,
para que no duelas tanto.
Para que despiertes bonito...

viernes, 16 de octubre de 2026

Por cierto, cariño mío...

 

Me pides que sea valiente y que haga público
los poemas que te dedico, que dé la cara.
Amor mío, mi amor es sano y real, contundente,
pero no me pidas que dé la cara, soy un tieso;
pide algo más baratito, no sé, un copia y pega
gugleado, algo que, aunque no sea parido por mí,
la gente se lo crea, lo que yo llamo un poema
político, que escribo lo que la gente quiere leer,
aunque yo no sienta ni el sonido de la tinta al
salir de la pluma. Siempre te amaré, en silencio,
a oscuras. No le temo a la soledad, estoy ya
acostumbrado a la falta de tu voz.
Por cierto, cariño mío, yo no me llamo Grabié,
pero algo te diré, la pluma es realmente mía...

jueves, 15 de octubre de 2026

Que te vaya todo bonito...

No fue que no me quisieras,
es que nunca me viste.
Yo te miraba como si fueras mi todo,
tú ni siquieras sabías cómo te miraba.
No te guardo rencor,
te guardo gracias.
Aprendí que amar no es que 
te quieran de vuelta,
es aprender a soltar a tiempo.
Me voy de aquí, no con enfado, 
sino de mí por fin en paz.
Me enamoré de ti en silencio,
como se enamoran los tontos: a solas.
Te escribí cientos de poemas
a los que nunca pude poner voz
ni hacer que temblaran tus labios.
Tú nunca tuviste la culpa,
tú solo seguías con tu vida.
Fui yo el que se inventó una historia
donde solo había distraída cortesía.
Hoy te dejo ir. No porque haya dejado 
de quererte de golpe, sino porque 
por fin he empezado a aceptarlo.
Que te vaya todo bonito, donde no estoy yo.
Yo trataré de estar bien, donde no estás tú.

El volumen de mi cansada memoria...

 

Al atardecer, de vez en vez, me gusta subir al desván. Allí me siento ante mi viejo baúl y les sonrío, abstraído, a mis viejos compañeros. Evito la mirada directa, para que no noten el peso de mi ausencia. Mis pobres auriculares apenas oyen ya y mis polvorientos micrófonos quedaron sin voz. Mis vinilos y mi mesa de mezclas apenas reconocen ya el tacto de mis dedos. Aun así seguimos pasando buenos ratos. En mi desorientada mente, los hago sonar de nuevo, mezclo recuerdos con música que solo yo puedo escuchar. Mi polvoriento desván vuelve a llenarse de luces parpadeantes, el humo difumina los años transcurridos y la pista vacía se abarrota de rostros jóvenes que ríen, giran y se entregan a la noche. Con mis inseguras manos suspendidas sobre la apagada consola, subo el volumen de mi cansada memoria, devolviéndoles a todos, aunque sea por un instante, la eterna juventud que el tiempo nos robó.

Al poco me levanto, tras despedirme sonriendo de ese antiguo póster que vigila mi tesoro, salgo con sigilo y bajo por la vieja escalera de madera que cruje al mismo ritmo que mis huesos…

jueves, 1 de octubre de 2026

𝐎𝐜𝐭𝐮𝐛𝐫𝐞, 𝐝𝐞́𝐣𝐚𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫𝐭𝐞...

 

Me siento prisionero de mí mismo, atado a mi locura, a mi soledad depresiva. Necesito que los ocres colores de este otoñal octubre me devuelvan la vida, la franca mirada y echen de mi mente los miedos que me acorralan. Octubre, déjame vivirte, déjame saborear el crujir de las yertas hojas... déjame respirar en libertad.

martes, 8 de septiembre de 2026

¡Cómo envidio a tu escoba!

 

Soy un poeta triste, ese que enamorado de una bella bruja, se desahoga escribiendo cartas de amor a la luna, hablándole de ti…
Le cuento sobre la magia de tus ojos y sobre esa sonrisa que hechiza mis noches; y de este amor que, aún imposible, me niego a dejar de soñar. Porque cuando la noche se calla, mi pluma te busca entre las estrellas, y la luna se convierte en confidente de todo aquello que mi corazón no se atreve a decirle.
¡Cómo envidio a tu escoba!

domingo, 6 de septiembre de 2026

'𝐏𝐎𝐑 𝐍𝐀𝐔𝐅𝐑𝐀𝐆𝐈𝐎 𝐔𝐍𝐈𝐕𝐄𝐑𝐒𝐀𝐋'

 

Basta con una mujer que marche, un beso que nunca llegue, una promesa que muera en los labios y un puto corazón empeñado en seguir creyendo para que zozobres sin necesidad de tormentas, atormentado total. Yo naufragué sin barco, sin cartas marinas y sin vergüenza. Quedé varado en un mar de recuerdos, rodeado de sirenas, un trío que tenían tu mismo mirar, la cruel costumbre de parecerse a lo que nunca fuiste. Dicen que el amor salva, ¡MENTIRA! Demasiadas veces el amor es lo que te hunde. Aquí me tienes, al mando de un barco que ya no existe, con el alma totalmente astillada y un trío de sirenas acariciándome las heridas, como si supieran cuál me duele más. Hasta un delfín es capaz de saltar hacia la luna, quizás para recordarme que aún quedan criaturas capaces de hacer piruetas sobre sueños imposibles. Yo solo sé naufragar. Perdí rumbo, sextante y hasta las ganas de encontrar un islote perdido. Uno se acostumbra a vivir entre los restos de un amor, y cualquier puerto parece una nueva traición. Así que heme aquí, entre olas, sirenas y esta botella con un corazón dentro, moribundo. Que mañana venga el mundo a socorrerme. Hoy no, tengo un desamor que me pertenece entero. Solo mio, abrazado a él me iré al fondo del mar...

sábado, 5 de septiembre de 2026

𝐋Á𝐏𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐑𝐎𝐓𝐎𝐒, 𝐑𝐀𝐁𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐒𝐁𝐎𝐂𝐀𝐃𝐀...

 

¿De qué coño me sirven los lápices si no puedo parar tanta barbarie?

¿Para qué quiero un tintero si hasta la tinta sangra de impotencia?

¿Para qué una vieja máquina con las teclas rotas, atascadas de rabia y con ganas de mandar al mundo a la mierda?

¿Para qué tanto papel si lo que escribo se emborrona antes de llegar a quien debería leerlo?

¿Para qué estas lágrimas, tan putas y tan inútiles, que se empeñan en bajar por la cara cuando deberían incendiar el mundo?

¿Para qué escribir versos si la realidad se empeña en rimar con muerte, miedo y desgracia? ¿Para qué tanto para qué?

¡¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞́?!

Quizá porque no sé hacer otra cosa que romper lápices, manchar papeles y escupirle a la barbarie las cuatro verdades que todavía me quedan.

Y si tampoco sirve...

¡𝗤𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗱𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗮𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼!

viernes, 21 de agosto de 2026

𝐐𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐦𝐚́:

 

Me imagino que ya te habrás enterado de la guerra que me ha declarado el lápiz que heredé de papá. Han pasado demasiadas cosas desde que te fuiste, sí, demasiadas. De tu herencia solo me queda ya algo de fuerzas y voluntad, el resto también se perdió casi todo. Mi casa es un desastre, llena de agujeros y ventanas rotas por donde se cuelan demasiados fantasmas, tanto de día como de noche. Ya ves mi capital, apenas me queda papel, tu Olivetti tiene más teclas rotas que sanas, la cinta apenas con tinta. Una botella de güigki medio vacía y un vaso medio lleno. Me siento demasiado solo aunque aún me son fieles las chanclas, me siguen a todos lados. Hoy me he venido aquí a escribirte mi última carta, quizá te la entregue en mano. Me hicisteis de hierro y yo me he roto como cristal, la típica corrosión de la sal. Solo me oxigena la maresía…

Apenas queda tabaco…