domingo, 18 de octubre de 2026

Cuando escribir...

 

Cuando escribir se convierte en una carga,
lo escrito es una cargada.
Cuando se convierte en arte,
lo escrito será solo una moda.
Cuando duele, lo escrito te sana.
Cuando es una necesidad,
lo escrito te da valor.
Cuando te da vida,
lo escrito hará que nunca mueras..

𝐄𝐬 𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐚𝐫...

 

Abre tu corazón, ábrelo de par en paz, aunque te hayan hecho mucho, mucho daño. La desconfianza tan sólo es un mecanismo más de la mente para mantenerse alerta ante el peligro, un peligro que en realidad no existe. Para el corazón no. A todos nos duele, nos ha dolido y puede ser que nos siga doliendo. Pero, ¿por qué no confiar, una vez más? 

Huele a mundo mojado...

 

Llegan las primeras lluvias con sus atormentados rayos. Momento que aprovechan las golondrinas tuneadas para emigrar en busca de nuevos pastos. Lo mismo ocurre en mi cabeza, atormentada y rallada, pero lloviendo para adentro...
Yo me quedo en tierra, viendo despegar ilusiones.
Ellas se van buscando verano y yo me quedo, mojándome sin salir de casa.
Fuera huele a mundo mojado, dentro a pensamiento quemado. Un trueno por aquí, otro por allá, y en medio, yo, intentando no hacer mucho ruido.
Que llueva, que se vayan las que se tengan que ir.
Lo que tenga que quedarse, que aprenda por fin a hacer charcos en calma...

sábado, 17 de octubre de 2026

Prisión de silencio...

 

Prisión de silencio, apenas roto por persistentes lágrimas de lluvia. Imágenes que pasan a velocidad de ventarrón descuernacabras. Labios que se mueven sin emitir sonido alguno. Corazón que late demasiado tranquilo, al ritmo de la nada. Tabaco que sólo sabe a tabaco, como los cigarros tristes, esos que mueren entre los dedos, sin un antes. Momentos que van y vienen a su antojo, sin ritmo ni cadencia. Música sin oídos, orejas huérfanas, ojos sin luz. Muere octubre, cae la lluvia, nace la melancolía del que sabe que ya no hay vuelta adelante. Muere este triste día, lleno de goteras desbocadas, para darle vida a una nueva noche en el que el vacío tendrá un hueco enorme...


Melodía herida en tus labios...

De tus ojos sale poesía,
de mi boca, sales tú.
De tu sonrisa, alegría,
de mi mirada, un blues.
Melodía herida en tus labios,
grito de mis manos, temblor.
Tu adiós, todavía sonando,
mi voz, crujiendo sin tu color.
Eres el blues que grita bajito,
a las tres de la mañana,
con guitarra sin prisa, doliéndose...
Soy el que no sabe irse,
con acordes lentos, a medias,
masticando tu pérdida despacio,
para que no duelas tanto.
Para que despiertes bonito...

viernes, 16 de octubre de 2026

Por cierto, cariño mío...

 

Me pides que sea valiente y que haga público
los poemas que te dedico, que dé la cara.
Amor mío, mi amor es sano y real, contundente,
pero no me pidas que dé la cara, soy un tieso;
pide algo más baratito, no sé, un copia y pega
gugleado, algo que, aunque no sea parido por mí,
la gente se lo crea, lo que yo llamo un poema
político, que escribo lo que la gente quiere leer,
aunque yo no sienta ni el sonido de la tinta al
salir de la pluma. Siempre te amaré, en silencio,
a oscuras. No le temo a la soledad, estoy ya
acostumbrado a la falta de tu voz.
Por cierto, cariño mío, yo no me llamo Grabié,
pero algo te diré, la pluma es realmente mía...

jueves, 15 de octubre de 2026

Que te vaya todo bonito...

No fue que no me quisieras,
es que nunca me viste.
Yo te miraba como si fueras mi todo,
tú ni siquieras sabías cómo te miraba.
No te guardo rencor,
te guardo gracias.
Aprendí que amar no es que 
te quieran de vuelta,
es aprender a soltar a tiempo.
Me voy de aquí, no con enfado, 
sino de mí por fin en paz.
Me enamoré de ti en silencio,
como se enamoran los tontos: a solas.
Te escribí cientos de poemas
a los que nunca pude poner voz
ni hacer que temblaran tus labios.
Tú nunca tuviste la culpa,
tú solo seguías con tu vida.
Fui yo el que se inventó una historia
donde solo había distraída cortesía.
Hoy te dejo ir. No porque haya dejado 
de quererte de golpe, sino porque 
por fin he empezado a aceptarlo.
Que te vaya todo bonito, donde no estoy yo.
Yo trataré de estar bien, donde no estás tú.

El volumen de mi cansada memoria...

 

Al atardecer, de vez en vez, me gusta subir al desván. Allí me siento ante mi viejo baúl y les sonrío, abstraído, a mis viejos compañeros. Evito la mirada directa, para que no noten el peso de mi ausencia. Mis pobres auriculares apenas oyen ya y mis polvorientos micrófonos quedaron sin voz. Mis vinilos y mi mesa de mezclas apenas reconocen ya el tacto de mis dedos. Aun así seguimos pasando buenos ratos. En mi desorientada mente, los hago sonar de nuevo, mezclo recuerdos con música que solo yo puedo escuchar. Mi polvoriento desván vuelve a llenarse de luces parpadeantes, el humo difumina los años transcurridos y la pista vacía se abarrota de rostros jóvenes que ríen, giran y se entregan a la noche. Con mis inseguras manos suspendidas sobre la apagada consola, subo el volumen de mi cansada memoria, devolviéndoles a todos, aunque sea por un instante, la eterna juventud que el tiempo nos robó.

Al poco me levanto, tras despedirme sonriendo de ese antiguo póster que vigila mi tesoro, salgo con sigilo y bajo por la vieja escalera de madera que cruje al mismo ritmo que mis huesos…

jueves, 1 de octubre de 2026

𝐎𝐜𝐭𝐮𝐛𝐫𝐞, 𝐝𝐞́𝐣𝐚𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫𝐭𝐞...

 

Me siento prisionero de mí mismo, atado a mi locura, a mi soledad depresiva. Necesito que los ocres colores de este otoñal octubre me devuelvan la vida, la franca mirada y echen de mi mente los miedos que me acorralan. Octubre, déjame vivirte, déjame saborear el crujir de las yertas hojas... déjame respirar en libertad.

martes, 8 de septiembre de 2026

¡Cómo envidio a tu escoba!

 

Soy un poeta triste, ese que enamorado de una bella bruja, se desahoga escribiendo cartas de amor a la luna, hablándole de ti…
Le cuento sobre la magia de tus ojos y sobre esa sonrisa que hechiza mis noches; y de este amor que, aún imposible, me niego a dejar de soñar. Porque cuando la noche se calla, mi pluma te busca entre las estrellas, y la luna se convierte en confidente de todo aquello que mi corazón no se atreve a decirle.
¡Cómo envidio a tu escoba!

domingo, 6 de septiembre de 2026

'𝐏𝐎𝐑 𝐍𝐀𝐔𝐅𝐑𝐀𝐆𝐈𝐎 𝐔𝐍𝐈𝐕𝐄𝐑𝐒𝐀𝐋'

 

Basta con una mujer que marche, un beso que nunca llegue, una promesa que muera en los labios y un puto corazón empeñado en seguir creyendo para que zozobres sin necesidad de tormentas, atormentado total. Yo naufragué sin barco, sin cartas marinas y sin vergüenza. Quedé varado en un mar de recuerdos, rodeado de sirenas, un trío que tenían tu mismo mirar, la cruel costumbre de parecerse a lo que nunca fuiste. Dicen que el amor salva, ¡MENTIRA! Demasiadas veces el amor es lo que te hunde. Aquí me tienes, al mando de un barco que ya no existe, con el alma totalmente astillada y un trío de sirenas acariciándome las heridas, como si supieran cuál me duele más. Hasta un delfín es capaz de saltar hacia la luna, quizás para recordarme que aún quedan criaturas capaces de hacer piruetas sobre sueños imposibles. Yo solo sé naufragar. Perdí rumbo, sextante y hasta las ganas de encontrar un islote perdido. Uno se acostumbra a vivir entre los restos de un amor, y cualquier puerto parece una nueva traición. Así que heme aquí, entre olas, sirenas y esta botella con un corazón dentro, moribundo. Que mañana venga el mundo a socorrerme. Hoy no, tengo un desamor que me pertenece entero. Solo mio, abrazado a él me iré al fondo del mar...

sábado, 5 de septiembre de 2026

𝐋Á𝐏𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐑𝐎𝐓𝐎𝐒, 𝐑𝐀𝐁𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐒𝐁𝐎𝐂𝐀𝐃𝐀...

 

¿De qué coño me sirven los lápices si no puedo parar tanta barbarie?

¿Para qué quiero un tintero si hasta la tinta sangra de impotencia?

¿Para qué una vieja máquina con las teclas rotas, atascadas de rabia y con ganas de mandar al mundo a la mierda?

¿Para qué tanto papel si lo que escribo se emborrona antes de llegar a quien debería leerlo?

¿Para qué estas lágrimas, tan putas y tan inútiles, que se empeñan en bajar por la cara cuando deberían incendiar el mundo?

¿Para qué escribir versos si la realidad se empeña en rimar con muerte, miedo y desgracia? ¿Para qué tanto para qué?

¡¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞́?!

Quizá porque no sé hacer otra cosa que romper lápices, manchar papeles y escupirle a la barbarie las cuatro verdades que todavía me quedan.

Y si tampoco sirve...

¡𝗤𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗱𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗮𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼!

viernes, 21 de agosto de 2026

𝐐𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐦𝐚́:

 

Me imagino que ya te habrás enterado de la guerra que me ha declarado el lápiz que heredé de papá. Han pasado demasiadas cosas desde que te fuiste, sí, demasiadas. De tu herencia solo me queda ya algo de fuerzas y voluntad, el resto también se perdió casi todo. Mi casa es un desastre, llena de agujeros y ventanas rotas por donde se cuelan demasiados fantasmas, tanto de día como de noche. Ya ves mi capital, apenas me queda papel, tu Olivetti tiene más teclas rotas que sanas, la cinta apenas con tinta. Una botella de güigki medio vacía y un vaso medio lleno. Me siento demasiado solo aunque aún me son fieles las chanclas, me siguen a todos lados. Hoy me he venido aquí a escribirte mi última carta, quizá te la entregue en mano. Me hicisteis de hierro y yo me he roto como cristal, la típica corrosión de la sal. Solo me oxigena la maresía…

Apenas queda tabaco…

𝐄𝐬𝐭𝐢𝐠𝐦𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫𝐞𝐬, 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬:

 

Por medio de la presente, el que susescribe, quiero comunicarles que no me hago responsable del 93,47% de las cosas que publica mi lápiz. Cuando nos conocimos eran un compañero de aventuras ideal, fiel, soñador y aventurero, pero con el paso de los daños empezó a ser cada día, más borde, irreverente, salvaje, desobediente y rebelde. Todo eso lo convertía en una especie de bomba, se consumía poco a poco y el tío soltaba lo que le venía en gana. Apenas me hacía caso y siempre se negaba a borrar cualquier cosa que yo le indicara. Ahí está el susodicho, va a morir con la goma sin estrenar. Ya no me deja tocarlo y ni siquiera morderlo. Lo dicho, no me hago responsable de los desvaríos de este desquiciado.

Si alguna vez os ofenden los renglones publicados en mi muro, sepan pues que no deben darse por aludidos ni eludidos, ya que todo es producto de la mente diabólica de mi resentido y afilado lápiz.

Gracias por su atención.

jueves, 20 de agosto de 2026

'𝐐𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐬𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐥𝐚𝐜𝐞𝐫…'

La música es el mejor remedio contra tu ruidosa ausencia. La poesía, el mejor remedio contra mi soledad...

El miedo es un sinvivir; la valentía, a veces, la mejor manera de morir. Yo prefiero desangrarme sobre el papel, libre, sin vendas ni suturas.

No soy valiente, quizá solo un inconsciente enamorado de la vida.

Hay quien ama por temor al silencio. Yo amo porque no puedo vivir sin descubrir sentimientos nuevos, sin adentrarme en esos lugares donde el corazón todavía no sabe qué nombre ponerle a lo que siente. Nadie puede luchar contra el gigante que te impide vivir tus sueños, pero los sueños no entienden de gigantes: piden a gritos ser vividos.

Que nadie cierre tu libro. Que nadie escriba por ti el final. Y que el dolor, alguna vez, se muera de placer.

miércoles, 19 de agosto de 2026

'𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐫𝐨𝐧...'

 
Alonso Quijano fue un hidalgo pobre que perdió definitivamente la razón de tanto escribir novelas de caballería. Tal era su desvarío mental que, al ser manco en palabras, a veces llegaba a creerse que era Cervantes, Príncipe de los Ingenios, aunque nadie sabía muy bien quién era ese tal Cervantes.
En uno de sus primeros y más descarados trastornos se enamoró perdidamente de una pastorcilla francesa de mirada incendiaria llamada Galatea. Pero, para disimular ante el vecindario y evitar cotilleos, él la llamaba Dulcinea. Cosas de la discreción manchega.
Por otro lado, Alonso era muy amigo de un tal Danny DeVito, un yanqui que trabajaba en la vecina base de Torrijón de Ardor. Debido a su escasa estatura y a su desmedida afición a los montaítos, Quijano lo motejó, con descarada sorna, como «Recortaete y Montadillo».
A veces también lo llamaba Chancho Panza, porque el hombre tenía cierta tendencia a retener pringue. Dicen que, cuando se comía un bocaíllo de zurrapa de lomo con manteca colorá, necesitaba una docena de servilletas, una bayeta y la intervención de la Guardia Civil.
En fin, que Cervantes, nunca existió, ni usó jamás un lepanto ni participó en batalla alguna. Todo fue fruto de los desvaríos de Alonso Quijano, que mezclaba molinos, gigantes, caballeros, franceses y yanquis de una manera que ni él mismo entendía.
Pero hay más.
Otra cosa de la que jamás se habló es que, en cierta taberna complutense que alquilaba jergones por horas y donde el pirriaque tenía más graduación que la moral de los parroquianos, Alonso dejó preñá a la mencionada Galatea.
Fruto de aquel encuentro accidental —y de alguna que otra jarra de mollate barato— nació una criatura que, con el tiempo, se haría famosa por aquellos lares: Estrellita Castro.
La muchacha salió artista, cantó coplas y llegó a ser muy popular. Aunque, años después, abandonó los escenarios para dedicarse a algo mucho más lucrativo y menos sacrificado: hacerse influencer y tiktokera.
Y así fue como terminó la verdadera historia de Don Quijote.
Lo demás —los molinos, Sancho, Dulcinea, Cervantes, Rocinante y toda aquella mandanga— son cosas que se inventaron después entre
Pérez-Reverte, Pedro Pacheco y Boris Izaguirre para vender libros.
Y todavía hay quien se lo cree...
(To be continued... or not)

domingo, 16 de agosto de 2026

‘𝐌𝐚́𝐬𝐭𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐛𝐞...’

Siento amor canalla por una mujer de bandera, de esas que, aun sin serlo, parecen intocables diosas. Tú no eres Astarté, pero a mis venas quisiera yo amarrarte, como quien ata al mástil una nube para que no escape.

Quisiera estar contigo, sí, tenerte cerca, beberme la distancia que nos separa y dejar que tu nombre me corra por la sangre. Pero me cloroformo con ser. Con ser lo que soy cuando no te tengo y lo que dejo de ser cuando te pienso. Me anestesio en esta dulce condena de desearte sin poseerte, de tenerte en la imaginación y perderte en la realidad.

Porque contigo todo es mío y nada me pertenece. Tan mía, tan tuya. Tan cerca de mi piel y tan lejos de mis manos. Y yo, pobre canalla enamorado, sin saber si quiero salvarme de ti o condenarme para toda la eternidad...

sábado, 15 de agosto de 2026

'𝐎𝐃𝐀 𝐄𝐒𝐂𝐀𝐐𝐔𝐄𝐀𝐃𝐀...'

¿De qué me sirve la música
si no puedo tocarte?
Portas la victoria;
yo me rindo, sin condiciones.
¿Para qué me sirve tu luminosidad
si no puedo escribirte?
Eres poesía,
esa que no puedo 𝒃𝒆𝒓𝒔𝒂𝒓...
Me tenéis las manos presas,
sin ataduras.
No hay refugio para mí,
no me socorre la locura.
Los cielos sueñan,
pero no me amparan.
Pánico siento ante mi lucidez,
tan descarada,
tan despierta
cuando debería dormir.
Reinas de la Noche,
moriré sobre escaques,
en blanco y negro,
desangrado entre torres y alfiles,
mientras las ondas
siguen llevando vuestra música
hasta un lugar
donde jamás podré interpretaros...

jueves, 13 de agosto de 2026

La verdad que quieren eclipsar algunos lunáticos...

Guerras, matanzas, incendios, danas, terremotos, invasiones, violencia, satrapismo, bulos, y tú más...
Esto es lo que realmente quieren eclipsar algunos lunáticos...

¡𝐕𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐬𝐭𝐫𝐞𝐜𝐢𝐥𝐥𝐨...!

 
No soy poeta ni quiero serlo. Apenas me considero un sencillo hilvanador de letras maltratadas, desechadas y percudidas, palabras que otros abandonaron en cunetas anónimas y que yo recojo con paciencia, como quien rescata viejos retales en el desván del olvido. Durante la paz de la noche las pulo a mi manera y las uno, con o sin rima, pero siempre con el hilo fuerte del cáñamo que ya es apenas usado: ese hilo resistente de la calma, de la memoria y del tiempo lento.
No puedo decir que sea 'El sastrecillo valiente', no uso aguja de oro ni dedal de plata. Solo remiendo silencios, zurzo nostalgias y coso pequeños pedazos de vida para que no se deshilachen del todo. Sin embargo, no me ofende que algunos, al contemplar a este humilde remendador de palabras, me griten con mal disimulada sorna:
—¡Ahí va 'El valiente desastrecillo'!
Porque quizá la verdadera valentía no consista en escribir grandiosas obras, sino en seguir recogiendo letras malheridas y darles la oportunidad de volver a respirar luciendo nuevo estilo...

miércoles, 12 de agosto de 2026

'𝐇𝐮𝐦𝐢𝐥𝐝𝐞 𝐲 𝐞𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐚𝐝𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫...'

 
Por favor, no se mofen de este vuestro humilde radiador. Hoy es día señalado, día de eclipse solar, y el que susescribe no sabe cómo vestirse ni cómo protegerse los faros. Tampoco sé si debo usar luces largas, de cruce o antiniebla. Soy de pocas luces y, a estas alturas, cualquier consejo lumínico me vendría de perlas. No sé qué pasará cuando la luna abrace al febo, pero algo tengo claro: ante tanta oscuridad, tanta precaución y tanto faro tapao, volveré a casa con un siego total… y probablemente, con cristales por sombrero...

martes, 11 de agosto de 2026

'𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐧𝐞𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨...'

 

A mí también me ha pasado factura el cambio climáxtico. Tengo el corazón en llamas, el cuerpo bajo cero y los sentimientos haciendo el canelo, como si se hubieran quedado sin pronosticar...
Durante años convertí mi vida en pura canalla, no hice nada por conservarme. Me pasé con los Sopistanes, me aficioné demasiado a los shisharrones y le di al Legendario como si el mañana nunca fuese a llegar. Yo creía que aquello era pura vida. Ahora resulta que era calentamiento global... Y aquí estoy ahora, pagando la factura de tantos desmanes. Ya no beso como antes, majogo en plena faena. Antes tenía cierta técnica, bastante resistencia y hasta cierta reputación. Ahora me rozas y se me ponen las piernas a bailar por su cuenta, me crujen las rodillas. Me miras dos segundos y se me desbocan los ojos, que son los únicos que todavía conservan algo de dignidad, quizá por las cataratas. Lo peor es que contigo no necesito ni sol ni calefacción. Me basta con que te arrimes. Y eso sí que es preocupante: porque cuando llegas tú, sube la temperatura, se derrite el hielo y a mí se me funden los plomillos...

'𝐍𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐲𝐚 𝐞𝐝𝐚𝐝...'

 

lunes, 10 de agosto de 2026

'𝐓𝐄́ 𝐘 𝐂𝐀𝐅𝐄́...'

 

Tú eres té con aroma de manzana y canela,
servido en una taza de porcelana fina, tan
delicada que hasta el silencio teme romperla.
Me gusta mirarte cuando preparas tu infusión,
mientras yo observo, con cierta desconfianza,
esa cuerdecita que cuelga de tus dedos, como
una pequeña soga para ahorcar el miedo.
Yo soy café fuerte, negro, sin azúcar, servido
en una taza vieja y desconchada por tantas
caídas al suelo y tantas veces que
volvió a levantarse. Nunca té he probado.
Quizá un día me atreva con un par de sorbitos
y termine embrujado por la dulzura de tus manzanas,
por la canela de tus manos, por esa manera tuya de
convertir el agua caliente en una amenaza deliciosa.
Si tú probaras mi café, sentirías la fuerza de lo amargo,
el golpe oscuro de una madrugada, la cicatriz de todos
mis naufragios disuelta en una taza. Y quizá entonces
comprendieras que no somos tan distintos:
tú, té con miedo a romperse; yo, café con miedo a la
cuerda. Podríamos quedar cualquier día para besayunarnos,
sin azúcar, sin cucharillas, sin preguntar quién se bebe a quién.
Tú me das un sorbo, yo te doy otro.
Y entre manzanas, canela y café, quizá acabemos
descubriendo que lo que realmente necesitábamos
era besayunarnos… saboreándonos.

domingo, 9 de agosto de 2026

'𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝘂𝗻̃𝗲𝗰𝗼…'

Tú querías un juguete
para entretenerte en casa,
un muñeco obediente
con el corazón de hojalata
y la sonrisa de quien nunca dice que no.
Pero yo no soportaba las pilas, ni los hilos,
ni esas manos invisibles que tiran de uno
hasta convertirlo en marioneta.
Siempre me gustaron las mujeres locas.
Quizá porque las cuerdas atan,
y yo nací con vocación de fuga.
Ahí sigo:
inerte, sí, pero a mi aire,
mirando cómo se oxida el mundo
desde el suelo de esta habitación.
Seguro que cualquier noche
aparecerá alguien
que me acerque la botella
y un cigarrito a los labios,
sin preguntarme de quién soy
ni quién mueve mis brazos.
Nunca seré tuyo, ventrílocua infeliz.
No conseguirás esconderme
dentro de tu garganta
para hacerme decir
lo que lo que no me nace.
Yo moriré siendo un Carpanta de caricias,
un menesteroso del amor,
un mendigo con los bolsillos llenos
de abrazos que nunca llegaron.
Pero si he de morir,
que sea con los hilos cortados,
las pilas agotadas
y el corazón haciendo ruido.
Porque antes que muñeco,
prefiero ser cadáver.
Y antes que obedecerte,
prefiero seguir siendo
ese juguete roto
que aprendió a caminar
sin que nadie tirara de él…

'𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐫 𝐲 𝐭𝐮́, 𝐂𝐚𝐧𝐝𝐞𝐥𝐚...'

 

Me gusta caminar
por la desierta orilla del mar,
cuando no hay ruidos,
solo sonidos,
música marina.
Es entonces
cuando la mar se hace mujer
y me acerca a ti.
Ella me recuerda
que hace tiempo nos casamos,
por poderes,
por culpa de la distancia,
y que todavía
no hemos podido consumar
lo que hubiera que consumar.
Demasiado tiempo esperando.
Ya no sé cuántas consumiciones llevo,
pero las gaviotas me miran divertidas
y alguna, incluso,
parece saber más de nosotros que yo.
Entonces miro al horizonte
y comprendo que la mar
está mucho más cerca que tú.
Azul, ella.
Blanca, tú, Candela.
Y yo,
entre las dos,
esperando que algún día
la distancia se canse
de separarnos.

¡𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐛𝐚...’

Tú tenías siempre sueño y preferías dormir, yo apenas dormía porque prefería diseñar mis sueños. La cama nos separaba:

tú me dabas la espalda y te abrazabas a la almohada, yo me iba a hacerle compañía a la luna, le contaba en silencio todo lo que no sabía decirte a ti. Tú cerrabas los ojos para encontrar descanso, yo los mantenía abiertos para no perderte de vista, aunque estuvieras a mi vera. Quizás ese fue nuestro problema:

tú querías dormir conmigo, y yo quería despertar a tu lado. Tú buscabas el sueño refugiada entre las sábanas, yo buscaba un sueño entre tus escondidos ojos.

Tú te entregabas a la noche, yo me resistía a ella, porque sabía que al amanecer seguiríamos estando demasiado lejos...

Y así, noche tras noche, la misma cama, la misma luna, dos cuerpos compartiendo silencio y dos mundos incapaces de encontrarse. Hasta que una madrugada entendí que no era la distancia lo que nos separaba, ni la almohada, ni siquiera el sueño.

Era que mientras tú dormías para olvidarte del mundo, yo soñaba con construir uno contigo. Y aquella noche, por primera vez, dejé de mirar la luna.

Me quedé mirando tu espalda, me arrimé para besarla, para abrazarte, para encontrarnos en tu sueño; pero ya no estabas... Me abracé a tu almohada sin arrugas y me entraron ganas de matar a la luna...

Desde entonces te busco todas las noches, bajo la solitaria lluvia y la constante vigilancia de las puñeteras estrellas y sus silenciosas carcajadas...

sábado, 8 de agosto de 2026

'𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐢𝐨𝐱 𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚...'

 

No fui capaz de amarte como diox manda, porque soy ateo y diox nunca aprendió mi nombre. Y tú, aunque hermosa como una herejía, eras demasiado protestante para mis incontrolados incendios.

Entre nosotros solo primaba la libertad, ese animal sin dueño que duerme desnuda en los tejados, los ocasos, con su sangre de naranja podrida..., y aquellas barbacoas de chocos salvajes que ardían sobre la noche como pequeños monstruos de sal.

A veces la luna se eclipsaba para no vernos. Nosotros, sin diox, sin iglesia, sin más sacramento que el deseo, brindábamos con los ojos por la improbable certeza de que dos pecadores también pudiesen amarse eternamente, aunque no crean en el cielo que los condena.

viernes, 7 de agosto de 2026

'𝐍𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐩𝐨𝐞𝐭𝐚; 𝐩𝐫𝐞𝐟𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐭𝐫𝐚𝐬...'

 

Entraré afilado en la garganta de la noche para robarle el tizón con que dibuja los eclipses. Llevaré en los bolsillos los dientes rotos de la luna y un puñado de cuervos ciegos picoteando mi sombra.

No escribiré versos. Abriré las venas del silencio hasta que sangren jazmines negros, y sembraré en los pozos los cenicientos córvidos a los que enseñé a respirar en el olvido.

Que me persigan los relojes ahorcados en las desnudas paredes, los jueces de la tinta, que sigan gritando las campanas con lengua podrida.

Nunca podrán detener a quien cabalga un caballo desbocado por la serreta cruel del viento. Mi oficio no es nombrar la belleza, es desnudarla y desvalijar a la muerte mientras duerme abrazada a la luna. Quiero dejar en los labios del alba una rosa de humo, un cuchillo florecido y los últimos latidos de aquellos dioses que nos separan escondidos bajo una piedra azul.

'𝐌𝐞𝐝𝐢𝐚 𝐝𝐨𝐜𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐚𝐧𝐢𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐞𝐢𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐲 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐨𝐭𝐨𝐧̃𝐨 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚𝐫𝐠𝐨...'

 

Media docena de Janis para seis veranos, como si el sol aceptara sobornos y el tiempo pudiera contarse en besos.
Seis nombres escritos en la fina arena..., seis promesas mojadas con aroma a maresía...,
seis risas que el mar marcó en mi memoria, poco antes de borrarlas con la siguiente marea.
Pero llegó la decadencia otoñal y bastó una, una sola presencia para mostrarme que el frío no siempre viene del viento, que los árboles se ajan también por dentro, que la savia corre más lenta, que los silencios se alargan más que cualquier estación.
Media docena de veranos bastaron para enseñarme, sin ambages, lo que el otoño tatuó sobre mi piel, haciendo mis pasos más lentos, dudosos pero constantes. Hay amores que iluminan los días; otros al marcharse, inventan las sombras...
Y desde entonces, cada primavera me parece un ensayo y cada verano una fotografía en sepia; mientras el otoño, terco y paciente, insiste en pronunciar mi nombre con voz de viento asalvajao.
Sí, media docena de Janis para seis veranos... y solo una para un otoño demasiado largo que insiste en quedarse conmigo mientras me acompaña, serena, hacia la nívea y fría cumbre del eterno invierno, anunciado ya en mi pelo tiempo ha..., sonriendo con firme ternura, sin soltarme la mano...

jueves, 6 de agosto de 2026

'𝐄𝐥 𝐃𝐣 𝐭𝐢𝐞𝐬𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐢𝐧𝐜𝐡𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧 𝐥𝐚́𝐩𝐢𝐳 𝐠𝐚𝐬𝐭𝐚𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐧𝐞𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐚𝐫𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬, 𝐚𝐥 𝐚𝐭𝐚𝐫𝐝𝐞𝐜𝐞𝐫...'

El pobre DJ pinchaba con un lápiz gastao. No sobre discos, sino sobre el silencio, hasta hacerle sangrar música. Al atardecer se subía a los contenedores amarillos, convertidos por la luz en catedrales de oro, llenos de botellas vacías con huellas de fiestas en sus bocas de cristal. Allí bailaba con los bolsillos vacíos y el corazón lleno de ritmos que él mismo había escrito. Siempre improvisaba acorde a los vientos, tanto de levante, poniente o del surf...

Las gaviotas gritaban al compás, el viento hacía de parlantes y el sol, antes de irse al otro lado, bajaba poco a poco el volumen del cielo para escuchar aquella sesión imposible, loca y atrevida.

Nadie le pagaba aunque lo conviaban. Nadie le aplaudía, pero le sonreían. Mas cuando la noche caía sobre la húmeda orilla , las estrellas seguían bailando exactamente como él las había enseñado, descalzas y con los pies llenos de arena. Porque hay DJs que mezclan canciones, otros mezclan con lápices de colores el atardecer con los sueños de quienes todavía creen que la pobreza nunca podrá silenciar la música.

miércoles, 5 de agosto de 2026

'𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐬𝐨𝐦𝐚 𝐞𝐥 𝐥𝐚́𝐩𝐢𝐳...'

Aunque creas que mis palabras me delatan, sigo escondido entre letras, por donde, de vez en vez, dejo asomar el lápiz para contemplar las prosas que le suceden al día. No busques mi nombre en los trazos que derramo; rara vez habito en aquello que confieso. Prefiero el silencio disfrazado de la metáfora.
Algunas veces paseo disfrazado de poeta, otras prefiero lucir el esmoquin de payaso. Solo me desnudo en la orilla del mar, cuando saco a pasear mis sentimientos, mientras el sol firma su despedida y la noche corrige las imágenes del horizonte que me invento. Siento sin ser visto, como quien siembra preguntas en un huerto abarbechao. Hay palabras que nacieron para revelar, y otras más sabias, para rebelarse y resguardar el misterio. Si alguna vez me descubres, no será por lo que dije, sino por todo aquello que callé, entre un verso y el siguiente. Sabrás entonces que yo apenas dejo, entre las espinas del verso, la impronta de un lápiz que tiembla, mientras el aroma del cedro envuelve cada palabra y el rastro, del color denso del regaliz, sobre el papel, que nadie consigue apresar. 

martes, 4 de agosto de 2026

𝐄𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐧𝐫𝐢𝐬𝐚 𝐜𝐚𝐧𝐚...

Me motejaron como El Caífa, como si yo tuviera la culpa de todas las estaciones.
Tuve que aprender que hay puertas que solo existen para enseñarnos el oficio de esperar. A veces camino despacio, porque el silencio también merece llegar primero alguna que otra vez.
La ciudad enciende sus vitrinas, para vender relojes, promesas y hasta el mismo amanecer con distinto envoltorio. Yo apenas compro un puñado de sombras para recordar que la luz nunca viaja sola.
He visto héroes doblando la espalda por monedas diminutas. También conocí mendigos repartiendo sonrisas, como quien reparte churritos calientes.
Nadie sale sin máculas del tiempo, ni las piedras ni los árboles. Ni este corazón que insiste en latir aunque conozca de memoria el precio de cada adiós.
Si alguna vez preguntan quién fui, no digan mi nombre. Digan solamente que fui un hombre que conversaba con el viento, como si al viento todavía le importaran mis cosas.
Soy, simplemente, el de la sonrisa cana.

domingo, 2 de agosto de 2026

Morir a manos de la poesía...

 

La poesía ha dejado de escribirme cartas. Ahora conspira contra mí. Se reúne en el silencio, soborna a la memoria y pone precio a cada uno de mis recuerdos. Ha dictado una sentencia: hacer desaparecer al hombre para que solo sobreviva la palabra.
Quiere desalojarme de mi propia carne y trasladarme al lápiz que aprieto entre los dedos. Convertirme en la mina que se desgasta, en la madera que cruje, en el polvo de grafito que cae sobre el papel como una ceniza íntima. Ya no seré quien escribe: seré aquello con lo que la poesía se escribe a sí misma.
Cada verso es un golpe de Estado contra mi voluntad. Cada metáfora derriba una frontera que creía inexpugnable. Me invade despacio, con la paciencia de la lluvia que termina horadando la piedra. Me roba la voz para devolvérmela convertida en un idioma que ni yo mismo reconozco.
Y, sin embargo, no huyo.
Porque sospecho que morir a manos de la poesía es la única forma digna de permanecer vivo. Si un día alguien encuentra mi cuerpo, que no busque un corazón entre mis costillas. Encontrará un lápiz gastado, todavía tibio, escribiendo el último verso de un hombre al que la poesía asesinó para concederle, por fin, la eternidad.

Fue tu voz la que me conquistó...

 

Más que tu sonrisa, fue tu voz la que me conquistó. En ella descubrí un lugar donde el miedo olvidaba mi nombre y me enseñaba a volar. Bastaba escucharte para creer que aún quedaban milagros escondidos entre las palabras.

Pero ni siquiera tu voz pudo superar a tu manera de mirarme...

Cuando tus ojos se encontraban con los míos, todo a nuestro alrededor enmudecía. No era una simple mirada; era un hogar para mí, una callada promesa que con caricias curaba mis secretas heridas, aquellas que nunca me atreví a mostrar. En esos ojos entendí que el amor podía decirlo todo sin pronunciar una sola sílaba...

Hoy tu voz resuena cual eco que me abriga en las más frías, solitarias y lentas noches. Tu sonrisa, un recuerdo que se niega a marcharse. Pero es tu forma de mirar la que sigue habitando en mí como hermosa condena. De todas las formas que tuvo tu amor, fue tu manera de mirarme la única que nunca he conseguido olvidar. Quizás nunca lo haga, hay ojos que, aunque algún día dejen de mirarte, jamás dejarán de ser la música callada con la que el viento te nombra...

Y la paloma se ahogó en tus labios...

 
Bebí de tu boca como el asno, noble y confiado, bebe del espejo donde la luna esconde sus espinas. mas el agua llevaba culebras mordiéndole la sombra a los juncos del pecho.
Desde entonces granadas abiertas navegan por mis arterias, mientras un ciego olivo siembra sal sobre las alas del río.
No eran agua tus besos, eran la sed disfrazada de gentil paloma. Eran el pozo que incita a beber a quien se inclina... la llave sin cerradura, la nieve que quema en la garganta del verano...
Ahora, cada vez que pronuncio tu nombre, un zumo de agrio pomelo hace rilar la luna. Mi niño interior explota como globo demasiado inflado por los huertos de tu silencio… No te busco, eres la sed que me lleva de la mano, con un ramo de espinas dormidas, hasta esa fuente invisible donde el agua prendió tu rostro para no saciar jamás a nadie.
Y la paloma se ahogó en tus labios...

viernes, 31 de julio de 2026

El podador de estrellas...

 

Antes de que la radio aprendiera a callarse, hubo un radiador cuya voz encendía las madrugadas. Mas los años no pasan en balde y son carpinteros eficientes, le fueron serrando el oído, le escondieron la voz entre versos distraídos y le vistieron los ojos con telarañas traviesas. Pese a todo nunca dejó de amar la mortadela ni el güigki con grumitos. Aseguraba que ambos engrasaban su memoria mejor que los relojes de arena en días de bravas tormentas. Cuando ya nadie podía escucharlo, buscó un currele no contributivo en el que no necesitara palabras. Se hizo podador de estrellas asalvajás. De madrugá subía por su escalera, hecha con el humo de sus sempiternos cigarrillos de reír, y se dedicaba a recortar los afilados picos de las constelaciones con la intención de que ningún enamorado se hiriera el mirar al dirigir los ojos al cielo. Las estrellas, agradecidas, soltaban sobre sus hombros polvo de luz que él creía nieve estival. Y aunque ya no oía los aplausos del universo ni veía con claridad el resplandor del firmamento, seguía trabajando mientras silbaba una muda melodía, feliz de ser el jardinero nocturno del cielo; podador de estrellas...

Donde la luna muerde la sal...


No me importa ocultar tu nombre

en el bolsillo frío de la marea,

ni dormir con un pez de ceniza

mordiéndome la voz.

Mi sentimiento aprendió hace tiempo

a caminar descalzo

sobre las navajas blancas de la espuma.

Lo que me duele es que,

cuando la noche te derrumba

como una campana de agua oscura

y la tristeza abre sus alas de carbón

sobre tus hombros, no escuches

que un árbol de sangrante

está floreciendo por ti

en el nacimiento del viento.

Ignoras que hay un hombre

con el pecho lleno de gaviotas sin luz,

recogiendo trozos de lunas rotas

para coserlas a tu sonrisa.

Si tus lágrimas cayeran al mar,

los peces ignorarían el agua,

las algas vestirían de luto

y la arena daría a luz

mis huellas transparentes.

Ven, tengo un abrazo aguardándote

con manos llenas de horizonte,

y un ramo de besos salvajes

capaz de convertir tu pena

en una brillante luna blanca

que ya nunca volverá a morder la sal.