sábado, 18 de julio de 2009


Resulta que cuando sonreía le sonreía a él.

Los mensajes que yo anhelaba eran para él.

Cuando cantaba le cantaba a él.

Cuando lloraba las lágrimas eran para él.

Cuando se despidió de él, el adiós fue para mí.

Desde entonces he perdido la sonrisa y las

ganas de cantar. Mis lágrimas no las quiere

nadie y el mensaje está en la botella.

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