martes, 8 de septiembre de 2026

¡Cómo envidio a tu escoba!

 

Soy un poeta triste, ese que enamorado de una bella bruja, se desahoga escribiendo cartas de amor a la luna, hablándole de ti…
Le cuento sobre la magia de tus ojos y sobre esa sonrisa que hechiza mis noches; y de este amor que, aún imposible, me niego a dejar de soñar. Porque cuando la noche se calla, mi pluma te busca entre las estrellas, y la luna se convierte en confidente de todo aquello que mi corazón no se atreve a decirle.
¡Cómo envidio a tu escoba!

domingo, 6 de septiembre de 2026

'𝐏𝐎𝐑 𝐍𝐀𝐔𝐅𝐑𝐀𝐆𝐈𝐎 𝐔𝐍𝐈𝐕𝐄𝐑𝐒𝐀𝐋'

 

Basta con una mujer que marche, un beso que nunca llegue, una promesa que muera en los labios y un puto corazón empeñado en seguir creyendo para que zozobres sin necesidad de tormentas, atormentado total. Yo naufragué sin barco, sin cartas marinas y sin vergüenza. Quedé varado en un mar de recuerdos, rodeado de sirenas, un trío que tenían tu mismo mirar, la cruel costumbre de parecerse a lo que nunca fuiste. Dicen que el amor salva, ¡MENTIRA! Demasiadas veces el amor es lo que te hunde. Aquí me tienes, al mando de un barco que ya no existe, con el alma totalmente astillada y un trío de sirenas acariciándome las heridas, como si supieran cuál me duele más. Hasta un delfín es capaz de saltar hacia la luna, quizás para recordarme que aún quedan criaturas capaces de hacer piruetas sobre sueños imposibles. Yo solo sé naufragar. Perdí rumbo, sextante y hasta las ganas de encontrar un islote perdido. Uno se acostumbra a vivir entre los restos de un amor, y cualquier puerto parece una nueva traición. Así que heme aquí, entre olas, sirenas y esta botella con un corazón dentro, moribundo. Que mañana venga el mundo a socorrerme. Hoy no, tengo un desamor que me pertenece entero. Solo mio, abrazado a él me iré al fondo del mar...

sábado, 5 de septiembre de 2026

𝐋Á𝐏𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐑𝐎𝐓𝐎𝐒, 𝐑𝐀𝐁𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐒𝐁𝐎𝐂𝐀𝐃𝐀...

 

¿De qué coño me sirven los lápices si no puedo parar tanta barbarie?

¿Para qué quiero un tintero si hasta la tinta sangra de impotencia?

¿Para qué una vieja máquina con las teclas rotas, atascadas de rabia y con ganas de mandar al mundo a la mierda?

¿Para qué tanto papel si lo que escribo se emborrona antes de llegar a quien debería leerlo?

¿Para qué estas lágrimas, tan putas y tan inútiles, que se empeñan en bajar por la cara cuando deberían incendiar el mundo?

¿Para qué escribir versos si la realidad se empeña en rimar con muerte, miedo y desgracia? ¿Para qué tanto para qué?

¡¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞́?!

Quizá porque no sé hacer otra cosa que romper lápices, manchar papeles y escupirle a la barbarie las cuatro verdades que todavía me quedan.

Y si tampoco sirve...

¡𝗤𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗱𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗮𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼!