
Basta
con una mujer que marche, un beso que nunca llegue, una
promesa que muera en los labios y un puto corazón empeñado
en seguir creyendo para que zozobres sin necesidad
de tormentas, atormentado total. Yo
naufragué sin barco, sin cartas marinas y sin vergüenza. Quedé
varado en un mar de recuerdos, rodeado de sirenas, un
trío que tenían tu mismo mirar, la cruel costumbre de
parecerse a lo que nunca fuiste. Dicen
que el amor salva, ¡MENTIRA! Demasiadas
veces el amor es lo que te hunde. Aquí
me tienes, al mando de un barco que ya no existe, con
el alma totalmente astillada y un trío de sirenas acariciándome
las heridas, como si supieran cuál me duele más. Hasta
un delfín es capaz de saltar hacia la luna, quizás
para recordarme que aún quedan criaturas capaces
de hacer piruetas sobre sueños imposibles. Yo
solo sé naufragar. Perdí rumbo, sextante y hasta las
ganas de encontrar un islote perdido. Uno
se acostumbra a vivir entre los restos de un amor, y
cualquier puerto parece una nueva traición. Así
que heme aquí, entre olas, sirenas y esta botella con
un corazón dentro, moribundo. Que
mañana venga el mundo a socorrerme. Hoy
no, tengo un desamor que me pertenece entero. Solo
mio, abrazado a él me iré al fondo del mar...