jueves, 1 de octubre de 2026

𝐎𝐜𝐭𝐮𝐛𝐫𝐞, 𝐝𝐞́𝐣𝐚𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫𝐭𝐞...

 

Me siento prisionero de mí mismo, atado a mi locura, a mi soledad depresiva. Necesito que los ocres colores de este otoñal octubre me devuelvan la vida, la franca mirada y echen de mi mente los miedos que me acorralan. Octubre, déjame vivirte, déjame saborear el crujir de las yertas hojas... déjame respirar en libertad.

martes, 8 de septiembre de 2026

¡Cómo envidio a tu escoba!

 

Soy un poeta triste, ese que enamorado de una bella bruja, se desahoga escribiendo cartas de amor a la luna, hablándole de ti…
Le cuento sobre la magia de tus ojos y sobre esa sonrisa que hechiza mis noches; y de este amor que, aún imposible, me niego a dejar de soñar. Porque cuando la noche se calla, mi pluma te busca entre las estrellas, y la luna se convierte en confidente de todo aquello que mi corazón no se atreve a decirle.
¡Cómo envidio a tu escoba!

domingo, 6 de septiembre de 2026

'𝐏𝐎𝐑 𝐍𝐀𝐔𝐅𝐑𝐀𝐆𝐈𝐎 𝐔𝐍𝐈𝐕𝐄𝐑𝐒𝐀𝐋'

 

Basta con una mujer que marche, un beso que nunca llegue, una promesa que muera en los labios y un puto corazón empeñado en seguir creyendo para que zozobres sin necesidad de tormentas, atormentado total. Yo naufragué sin barco, sin cartas marinas y sin vergüenza. Quedé varado en un mar de recuerdos, rodeado de sirenas, un trío que tenían tu mismo mirar, la cruel costumbre de parecerse a lo que nunca fuiste. Dicen que el amor salva, ¡MENTIRA! Demasiadas veces el amor es lo que te hunde. Aquí me tienes, al mando de un barco que ya no existe, con el alma totalmente astillada y un trío de sirenas acariciándome las heridas, como si supieran cuál me duele más. Hasta un delfín es capaz de saltar hacia la luna, quizás para recordarme que aún quedan criaturas capaces de hacer piruetas sobre sueños imposibles. Yo solo sé naufragar. Perdí rumbo, sextante y hasta las ganas de encontrar un islote perdido. Uno se acostumbra a vivir entre los restos de un amor, y cualquier puerto parece una nueva traición. Así que heme aquí, entre olas, sirenas y esta botella con un corazón dentro, moribundo. Que mañana venga el mundo a socorrerme. Hoy no, tengo un desamor que me pertenece entero. Solo mio, abrazado a él me iré al fondo del mar...

sábado, 5 de septiembre de 2026

𝐋Á𝐏𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐑𝐎𝐓𝐎𝐒, 𝐑𝐀𝐁𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐒𝐁𝐎𝐂𝐀𝐃𝐀...

 

¿De qué coño me sirven los lápices si no puedo parar tanta barbarie?

¿Para qué quiero un tintero si hasta la tinta sangra de impotencia?

¿Para qué una vieja máquina con las teclas rotas, atascadas de rabia y con ganas de mandar al mundo a la mierda?

¿Para qué tanto papel si lo que escribo se emborrona antes de llegar a quien debería leerlo?

¿Para qué estas lágrimas, tan putas y tan inútiles, que se empeñan en bajar por la cara cuando deberían incendiar el mundo?

¿Para qué escribir versos si la realidad se empeña en rimar con muerte, miedo y desgracia? ¿Para qué tanto para qué?

¡¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞́?!

Quizá porque no sé hacer otra cosa que romper lápices, manchar papeles y escupirle a la barbarie las cuatro verdades que todavía me quedan.

Y si tampoco sirve...

¡𝗤𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗱𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗮𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼!

viernes, 21 de agosto de 2026

𝐐𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐦𝐚́:

 

Me imagino que ya te habrás enterado de la guerra que me ha declarado el lápiz que heredé de papá. Han pasado demasiadas cosas desde que te fuiste, sí, demasiadas. De tu herencia solo me queda ya algo de fuerzas y voluntad, el resto también se perdió casi todo. Mi casa es un desastre, llena de agujeros y ventanas rotas por donde se cuelan demasiados fantasmas, tanto de día como de noche. Ya ves mi capital, apenas me queda papel, tu Olivetti tiene más teclas rotas que sanas, la cinta apenas con tinta. Una botella de güigki medio vacía y un vaso medio lleno. Me siento demasiado solo aunque aún me son fieles las chanclas, me siguen a todos lados. Hoy me he venido aquí a escribirte mi última carta, quizá te la entregue en mano. Me hicisteis de hierro y yo me he roto como cristal, la típica corrosión de la sal. Solo me oxigena la maresía…

Apenas queda tabaco…

𝐄𝐬𝐭𝐢𝐠𝐦𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫𝐞𝐬, 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬:

 

Por medio de la presente, el que susescribe, quiero comunicarles que no me hago responsable del 93,47% de las cosas que publica mi lápiz. Cuando nos conocimos eran un compañero de aventuras ideal, fiel, soñador y aventurero, pero con el paso de los daños empezó a ser cada día, más borde, irreverente, salvaje, desobediente y rebelde. Todo eso lo convertía en una especie de bomba, se consumía poco a poco y el tío soltaba lo que le venía en gana. Apenas me hacía caso y siempre se negaba a borrar cualquier cosa que yo le indicara. Ahí está el susodicho, va a morir con la goma sin estrenar. Ya no me deja tocarlo y ni siquiera morderlo. Lo dicho, no me hago responsable de los desvaríos de este desquiciado.

Si alguna vez os ofenden los renglones publicados en mi muro, sepan pues que no deben darse por aludidos ni eludidos, ya que todo es producto de la mente diabólica de mi resentido y afilado lápiz.

Gracias por su atención.

jueves, 20 de agosto de 2026

'𝐐𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐬𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐥𝐚𝐜𝐞𝐫…'

La música es el mejor remedio contra tu ruidosa ausencia. La poesía, el mejor remedio contra mi soledad...

El miedo es un sinvivir; la valentía, a veces, la mejor manera de morir. Yo prefiero desangrarme sobre el papel, libre, sin vendas ni suturas.

No soy valiente, quizá solo un inconsciente enamorado de la vida.

Hay quien ama por temor al silencio. Yo amo porque no puedo vivir sin descubrir sentimientos nuevos, sin adentrarme en esos lugares donde el corazón todavía no sabe qué nombre ponerle a lo que siente. Nadie puede luchar contra el gigante que te impide vivir tus sueños, pero los sueños no entienden de gigantes: piden a gritos ser vividos.

Que nadie cierre tu libro. Que nadie escriba por ti el final. Y que el dolor, alguna vez, se muera de placer.

miércoles, 19 de agosto de 2026

'𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐫𝐨𝐧...'

 
Alonso Quijano fue un hidalgo pobre que perdió definitivamente la razón de tanto escribir novelas de caballería. Tal era su desvarío mental que, al ser manco en palabras, a veces llegaba a creerse que era Cervantes, Príncipe de los Ingenios, aunque nadie sabía muy bien quién era ese tal Cervantes.
En uno de sus primeros y más descarados trastornos se enamoró perdidamente de una pastorcilla francesa de mirada incendiaria llamada Galatea. Pero, para disimular ante el vecindario y evitar cotilleos, él la llamaba Dulcinea. Cosas de la discreción manchega.
Por otro lado, Alonso era muy amigo de un tal Danny DeVito, un yanqui que trabajaba en la vecina base de Torrijón de Ardor. Debido a su escasa estatura y a su desmedida afición a los montaítos, Quijano lo motejó, con descarada sorna, como «Recortaete y Montadillo».
A veces también lo llamaba Chancho Panza, porque el hombre tenía cierta tendencia a retener pringue. Dicen que, cuando se comía un bocaíllo de zurrapa de lomo con manteca colorá, necesitaba una docena de servilletas, una bayeta y la intervención de la Guardia Civil.
En fin, que Cervantes, nunca existió, ni usó jamás un lepanto ni participó en batalla alguna. Todo fue fruto de los desvaríos de Alonso Quijano, que mezclaba molinos, gigantes, caballeros, franceses y yanquis de una manera que ni él mismo entendía.
Pero hay más.
Otra cosa de la que jamás se habló es que, en cierta taberna complutense que alquilaba jergones por horas y donde el pirriaque tenía más graduación que la moral de los parroquianos, Alonso dejó preñá a la mencionada Galatea.
Fruto de aquel encuentro accidental —y de alguna que otra jarra de mollate barato— nació una criatura que, con el tiempo, se haría famosa por aquellos lares: Estrellita Castro.
La muchacha salió artista, cantó coplas y llegó a ser muy popular. Aunque, años después, abandonó los escenarios para dedicarse a algo mucho más lucrativo y menos sacrificado: hacerse influencer y tiktokera.
Y así fue como terminó la verdadera historia de Don Quijote.
Lo demás —los molinos, Sancho, Dulcinea, Cervantes, Rocinante y toda aquella mandanga— son cosas que se inventaron después entre
Pérez-Reverte, Pedro Pacheco y Boris Izaguirre para vender libros.
Y todavía hay quien se lo cree...
(To be continued... or not)

domingo, 16 de agosto de 2026

‘𝐌𝐚́𝐬𝐭𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐛𝐞...’

Siento amor canalla por una mujer de bandera, de esas que, aun sin serlo, parecen intocables diosas. Tú no eres Astarté, pero a mis venas quisiera yo amarrarte, como quien ata al mástil una nube para que no escape.

Quisiera estar contigo, sí, tenerte cerca, beberme la distancia que nos separa y dejar que tu nombre me corra por la sangre. Pero me cloroformo con ser. Con ser lo que soy cuando no te tengo y lo que dejo de ser cuando te pienso. Me anestesio en esta dulce condena de desearte sin poseerte, de tenerte en la imaginación y perderte en la realidad.

Porque contigo todo es mío y nada me pertenece. Tan mía, tan tuya. Tan cerca de mi piel y tan lejos de mis manos. Y yo, pobre canalla enamorado, sin saber si quiero salvarme de ti o condenarme para toda la eternidad...

sábado, 15 de agosto de 2026

'𝐎𝐃𝐀 𝐄𝐒𝐂𝐀𝐐𝐔𝐄𝐀𝐃𝐀...'

¿De qué me sirve la música
si no puedo tocarte?
Portas la victoria;
yo me rindo, sin condiciones.
¿Para qué me sirve tu luminosidad
si no puedo escribirte?
Eres poesía,
esa que no puedo 𝒃𝒆𝒓𝒔𝒂𝒓...
Me tenéis las manos presas,
sin ataduras.
No hay refugio para mí,
no me socorre la locura.
Los cielos sueñan,
pero no me amparan.
Pánico siento ante mi lucidez,
tan descarada,
tan despierta
cuando debería dormir.
Reinas de la Noche,
moriré sobre escaques,
en blanco y negro,
desangrado entre torres y alfiles,
mientras las ondas
siguen llevando vuestra música
hasta un lugar
donde jamás podré interpretaros...

jueves, 13 de agosto de 2026

La verdad que quieren eclipsar algunos lunáticos...

Guerras, matanzas, incendios, danas, terremotos, invasiones, violencia, satrapismo, bulos, y tú más...
Esto es lo que realmente quieren eclipsar algunos lunáticos...

¡𝐕𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐬𝐭𝐫𝐞𝐜𝐢𝐥𝐥𝐨...!

 
No soy poeta ni quiero serlo. Apenas me considero un sencillo hilvanador de letras maltratadas, desechadas y percudidas, palabras que otros abandonaron en cunetas anónimas y que yo recojo con paciencia, como quien rescata viejos retales en el desván del olvido. Durante la paz de la noche las pulo a mi manera y las uno, con o sin rima, pero siempre con el hilo fuerte del cáñamo que ya es apenas usado: ese hilo resistente de la calma, de la memoria y del tiempo lento.
No puedo decir que sea 'El sastrecillo valiente', no uso aguja de oro ni dedal de plata. Solo remiendo silencios, zurzo nostalgias y coso pequeños pedazos de vida para que no se deshilachen del todo. Sin embargo, no me ofende que algunos, al contemplar a este humilde remendador de palabras, me griten con mal disimulada sorna:
—¡Ahí va 'El valiente desastrecillo'!
Porque quizá la verdadera valentía no consista en escribir grandiosas obras, sino en seguir recogiendo letras malheridas y darles la oportunidad de volver a respirar luciendo nuevo estilo...

miércoles, 12 de agosto de 2026

'𝐇𝐮𝐦𝐢𝐥𝐝𝐞 𝐲 𝐞𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐚𝐝𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫...'

 
Por favor, no se mofen de este vuestro humilde radiador. Hoy es día señalado, día de eclipse solar, y el que susescribe no sabe cómo vestirse ni cómo protegerse los faros. Tampoco sé si debo usar luces largas, de cruce o antiniebla. Soy de pocas luces y, a estas alturas, cualquier consejo lumínico me vendría de perlas. No sé qué pasará cuando la luna abrace al febo, pero algo tengo claro: ante tanta oscuridad, tanta precaución y tanto faro tapao, volveré a casa con un siego total… y probablemente, con cristales por sombrero...

martes, 11 de agosto de 2026

'𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐧𝐞𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨...'

 

A mí también me ha pasado factura el cambio climáxtico. Tengo el corazón en llamas, el cuerpo bajo cero y los sentimientos haciendo el canelo, como si se hubieran quedado sin pronosticar...
Durante años convertí mi vida en pura canalla, no hice nada por conservarme. Me pasé con los Sopistanes, me aficioné demasiado a los shisharrones y le di al Legendario como si el mañana nunca fuese a llegar. Yo creía que aquello era pura vida. Ahora resulta que era calentamiento global... Y aquí estoy ahora, pagando la factura de tantos desmanes. Ya no beso como antes, majogo en plena faena. Antes tenía cierta técnica, bastante resistencia y hasta cierta reputación. Ahora me rozas y se me ponen las piernas a bailar por su cuenta, me crujen las rodillas. Me miras dos segundos y se me desbocan los ojos, que son los únicos que todavía conservan algo de dignidad, quizá por las cataratas. Lo peor es que contigo no necesito ni sol ni calefacción. Me basta con que te arrimes. Y eso sí que es preocupante: porque cuando llegas tú, sube la temperatura, se derrite el hielo y a mí se me funden los plomillos...

'𝐍𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐲𝐚 𝐞𝐝𝐚𝐝...'

 

lunes, 10 de agosto de 2026

'𝐓𝐄́ 𝐘 𝐂𝐀𝐅𝐄́...'

 

Tú eres té con aroma de manzana y canela,
servido en una taza de porcelana fina, tan
delicada que hasta el silencio teme romperla.
Me gusta mirarte cuando preparas tu infusión,
mientras yo observo, con cierta desconfianza,
esa cuerdecita que cuelga de tus dedos, como
una pequeña soga para ahorcar el miedo.
Yo soy café fuerte, negro, sin azúcar, servido
en una taza vieja y desconchada por tantas
caídas al suelo y tantas veces que
volvió a levantarse. Nunca té he probado.
Quizá un día me atreva con un par de sorbitos
y termine embrujado por la dulzura de tus manzanas,
por la canela de tus manos, por esa manera tuya de
convertir el agua caliente en una amenaza deliciosa.
Si tú probaras mi café, sentirías la fuerza de lo amargo,
el golpe oscuro de una madrugada, la cicatriz de todos
mis naufragios disuelta en una taza. Y quizá entonces
comprendieras que no somos tan distintos:
tú, té con miedo a romperse; yo, café con miedo a la
cuerda. Podríamos quedar cualquier día para besayunarnos,
sin azúcar, sin cucharillas, sin preguntar quién se bebe a quién.
Tú me das un sorbo, yo te doy otro.
Y entre manzanas, canela y café, quizá acabemos
descubriendo que lo que realmente necesitábamos
era besayunarnos… saboreándonos.

domingo, 9 de agosto de 2026

'𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝘂𝗻̃𝗲𝗰𝗼…'

Tú querías un juguete
para entretenerte en casa,
un muñeco obediente
con el corazón de hojalata
y la sonrisa de quien nunca dice que no.
Pero yo no soportaba las pilas, ni los hilos,
ni esas manos invisibles que tiran de uno
hasta convertirlo en marioneta.
Siempre me gustaron las mujeres locas.
Quizá porque las cuerdas atan,
y yo nací con vocación de fuga.
Ahí sigo:
inerte, sí, pero a mi aire,
mirando cómo se oxida el mundo
desde el suelo de esta habitación.
Seguro que cualquier noche
aparecerá alguien
que me acerque la botella
y un cigarrito a los labios,
sin preguntarme de quién soy
ni quién mueve mis brazos.
Nunca seré tuyo, ventrílocua infeliz.
No conseguirás esconderme
dentro de tu garganta
para hacerme decir
lo que lo que no me nace.
Yo moriré siendo un Carpanta de caricias,
un menesteroso del amor,
un mendigo con los bolsillos llenos
de abrazos que nunca llegaron.
Pero si he de morir,
que sea con los hilos cortados,
las pilas agotadas
y el corazón haciendo ruido.
Porque antes que muñeco,
prefiero ser cadáver.
Y antes que obedecerte,
prefiero seguir siendo
ese juguete roto
que aprendió a caminar
sin que nadie tirara de él…

'𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐫 𝐲 𝐭𝐮́, 𝐂𝐚𝐧𝐝𝐞𝐥𝐚...'

 

Me gusta caminar
por la desierta orilla del mar,
cuando no hay ruidos,
solo sonidos,
música marina.
Es entonces
cuando la mar se hace mujer
y me acerca a ti.
Ella me recuerda
que hace tiempo nos casamos,
por poderes,
por culpa de la distancia,
y que todavía
no hemos podido consumar
lo que hubiera que consumar.
Demasiado tiempo esperando.
Ya no sé cuántas consumiciones llevo,
pero las gaviotas me miran divertidas
y alguna, incluso,
parece saber más de nosotros que yo.
Entonces miro al horizonte
y comprendo que la mar
está mucho más cerca que tú.
Azul, ella.
Blanca, tú, Candela.
Y yo,
entre las dos,
esperando que algún día
la distancia se canse
de separarnos.

¡𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐛𝐚...’

Tú tenías siempre sueño y preferías dormir, yo apenas dormía porque prefería diseñar mis sueños. La cama nos separaba:

tú me dabas la espalda y te abrazabas a la almohada, yo me iba a hacerle compañía a la luna, le contaba en silencio todo lo que no sabía decirte a ti. Tú cerrabas los ojos para encontrar descanso, yo los mantenía abiertos para no perderte de vista, aunque estuvieras a mi vera. Quizás ese fue nuestro problema:

tú querías dormir conmigo, y yo quería despertar a tu lado. Tú buscabas el sueño refugiada entre las sábanas, yo buscaba un sueño entre tus escondidos ojos.

Tú te entregabas a la noche, yo me resistía a ella, porque sabía que al amanecer seguiríamos estando demasiado lejos...

Y así, noche tras noche, la misma cama, la misma luna, dos cuerpos compartiendo silencio y dos mundos incapaces de encontrarse. Hasta que una madrugada entendí que no era la distancia lo que nos separaba, ni la almohada, ni siquiera el sueño.

Era que mientras tú dormías para olvidarte del mundo, yo soñaba con construir uno contigo. Y aquella noche, por primera vez, dejé de mirar la luna.

Me quedé mirando tu espalda, me arrimé para besarla, para abrazarte, para encontrarnos en tu sueño; pero ya no estabas... Me abracé a tu almohada sin arrugas y me entraron ganas de matar a la luna...

Desde entonces te busco todas las noches, bajo la solitaria lluvia y la constante vigilancia de las puñeteras estrellas y sus silenciosas carcajadas...

sábado, 8 de agosto de 2026

'𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐢𝐨𝐱 𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚...'

 

No fui capaz de amarte como diox manda, porque soy ateo y diox nunca aprendió mi nombre. Y tú, aunque hermosa como una herejía, eras demasiado protestante para mis incontrolados incendios.

Entre nosotros solo primaba la libertad, ese animal sin dueño que duerme desnuda en los tejados, los ocasos, con su sangre de naranja podrida..., y aquellas barbacoas de chocos salvajes que ardían sobre la noche como pequeños monstruos de sal.

A veces la luna se eclipsaba para no vernos. Nosotros, sin diox, sin iglesia, sin más sacramento que el deseo, brindábamos con los ojos por la improbable certeza de que dos pecadores también pudiesen amarse eternamente, aunque no crean en el cielo que los condena.