viernes, 31 de julio de 2026

El podador de estrellas...

 

Antes de que la radio aprendiera a callarse, hubo un radiador cuya voz encendía las madrugadas. Mas los años no pasan en balde y son carpinteros eficientes, le fueron serrando el oído, le escondieron la voz entre versos distraídos y le vistieron los ojos con telarañas traviesas. Pese a todo nunca dejó de amar la mortadela ni el güigki con grumitos. Aseguraba que ambos engrasaban su memoria mejor que los relojes de arena en días de bravas tormentas. Cuando ya nadie podía escucharlo, buscó un currele no contributivo en el que no necesitara palabras. Se hizo podador de estrellas asalvajás. De madrugá subía por su escalera, hecha con el humo de sus sempiternos cigarrillos de reír, y se dedicaba a recortar los afilados picos de las constelaciones con la intención de que ningún enamorado se hiriera el mirar al dirigir los ojos al cielo. Las estrellas, agradecidas, soltaban sobre sus hombros polvo de luz que él creía nieve estival. Y aunque ya no oía los aplausos del universo ni veía con claridad el resplandor del firmamento, seguía trabajando mientras silbaba una muda melodía, feliz de ser el jardinero nocturno del cielo; podador de estrellas...

Donde la luna muerde la sal...


No me importa ocultar tu nombre

en el bolsillo frío de la marea,

ni dormir con un pez de ceniza

mordiéndome la voz.

Mi sentimiento aprendió hace tiempo

a caminar descalzo

sobre las navajas blancas de la espuma.

Lo que me duele es que,

cuando la noche te derrumba

como una campana de agua oscura

y la tristeza abre sus alas de carbón

sobre tus hombros, no escuches

que un árbol de sangrante

está floreciendo por ti

en el nacimiento del viento.

Ignoras que hay un hombre

con el pecho lleno de gaviotas sin luz,

recogiendo trozos de lunas rotas

para coserlas a tu sonrisa.

Si tus lágrimas cayeran al mar,

los peces ignorarían el agua,

las algas vestirían de luto

y la arena daría a luz

mis huellas transparentes.

Ven, tengo un abrazo aguardándote

con manos llenas de horizonte,

y un ramo de besos salvajes

capaz de convertir tu pena

en una brillante luna blanca

que ya nunca volverá a morder la sal.

jueves, 30 de julio de 2026

Noche de luna hiena...

 

El mar mastica relojes
y tú aún no sabes a sal,
ni al idioma azul
con el que las olas
muerden el horizonte.
Noche de luna hiena.
La mar se peina con cuchillos verdes,
y tú, sin saber todavía a sal,
tus labios guardan
una sombra de caballo
que no encuentra la orilla.
Noche de plenilunio,
y tú, aún sin saber a mar.
Grita tu nombre la marea,
mi silencio se llena de infortunio...

miércoles, 29 de julio de 2026

‘Antes de olvidarte...’


Si amanece y no sé quién soy,
si me roba tu nombre la niebla
y convierte nuestra historia
en hojas arrastradas por el viento...
no me culpes.
Búscame en mis temblorosas manos,
en esa lágrima sin sentido para ti,
en el silencio de unos ojos
que, aún perdidos, seguirán buscándote.
Te amaré aunque me lo prohíbas.
Aunque alces un muro entre tu vida y la mía.
Aunque nos condene el destino
a caminar por orillas opuestas y no vuelvan a encontrarse.
Y cuando, piedra a piedra, mi memoria se derrumbe,
cuando se diluya el rostro de mi madre,
olvide el sonido del mar y ni siquiera recuerde
el nombre con el que me llamaban de niño...
habrá algo que no morirá.
Será esto que te siento.
Porque no vive en la memoria este sentimiento ,
sino en esa cálida profundidad,
donde no mandan las estaciones,
donde nunca aprende a entrar el olvido.
Quizá un día te cruces conmigo
y yo te mire con voz tímida, desconocida.
Pero si rozas mi mano, sin querer,
mi corazón reconocerá el hogar que
habrá perdido mi mente.
Y entonces volveré a sonreír
sin ni siquiera conocer el motivo.
Me enamoraré de ti,
como si fuera la vez primera,
sin recordar nuestro pasado,
pero con la certeza clara de
que mi alma ya te conocía.
Sí, si ese día me ves sonreír sin motivo,
abrázame.
No pierdas el tiempo en devolverme los recuerdos.
Bastará con que le susurres a mi mirada:
"Te sigo amando, viejo loco."
Porque, aunque mi memoria haya desaparecido para siempre,
mi último latido tendrá tu nombre...
aunque mis labios ya no puedan expresarlo.

jueves, 23 de julio de 2026

'𝐇𝐮𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐚𝐛𝐚𝐜𝐨...'

 

Desde que te vi por vez primera,
fumando en la orilla, aquel atardecer
supe que había demasiada distancia
como para alcanzarte con mis pasos.

El mar estaba silente,
el humo pintaba sueños en el aire
y tu silueta me confundía
eras la última luz del día.

Sabía que nunca te alcanzaría,
que serías lejano horizonte,
esa belleza que se contempla
sin llegar jamás a rozar.

Pero aún así,
cada ocaso regreso a la orilla,
porque hay amores que se sueñan eternamente,
y agonizan en un sinvivir,

constante en el recuerdo…

Humo de tabaco.


Aburrido...

 

Años para extraerte de mi cabeza,
para quitar tu nombre del viento,
para dejar de buscarte
en cada esquina del recuerdo.
Años luchando con tu sombra,
haciendo del olvido un oficio,
convencido de que mi libertad
empezaba donde terminabas tú.
Y por fin lo conseguí.
Ya no me dueles.
Ya no te cuelas en mis noches.
Ya no pregunto al mar por tus huellas,
ni al silencio por tu voz.
Pero qué extraña victoria...
Ahora que por fin te saqué de mí,
me reboza el tiempo,
me falta el incendio,
y hasta el corazón bosteza.
Quién iba a decirlo.
Tantos años para sacarte de mi cabeza...
y ahora que lo he conseguido,
estoy aburrido.


lunes, 6 de julio de 2026

El corazón que desobedeció al tiempo...

 

El tiempo me fue robando la prisa,
la fuerza de los brazos,
la insolencia de los años.
Me dejó la voz más baja,
el paso más lento
y las manos llenas de memoria.
Pero olvidó llevarse el corazón.
Ese sigue golpeando mi pecho
como un caballo salvaje,
como si el calendario fuera una mentira
y el amor no conociera arrugas.
Qué ironía la mía...
He aprendido a despedirme de tantas cosas,
y, sin embargo,
aún no sé despedirme de ti.
Basta imaginar tu sonrisa
para que vuelva la primavera
a este invierno que habito.
Basta recordar el temblor de tus labios
para que mis noches, tan largas,
se llenen de un fuego
que ningún otoño consigue apagar.
Dicen que el amor pertenece a los jóvenes.
No saben nada.
Los jóvenes aman con el vértigo del descubrimiento;
los viejos amamos con la desesperación
de quien conoce el precio de cada instante.
Por eso te amo así:
sin promesas imposibles,
sin orgullo, sin máscaras.
Te amo con el miedo de perderte
antes de haberte tenido del todo.
Y cuando mi último verso
se quede suspendido en el aire,
no llores por el poeta.
Llora, si acaso,
por ese anciano obstinado
que llegó al final del camino
con el cabello cubierto de nieve...
y el corazón, terco y luminoso,
demasiado joven
para dejar de pronunciar tu nombre.
Creo que el amor más triste
 
no es el que llega tarde,
sino el que llega cuando
 
el corazón aún tiene
toda la juventud que el tiempo
 
le negó al cuerpo.

viernes, 5 de junio de 2026

Cansado de amar...

 

Me cansé de escribir tu nombre
en las esquinas de mis sueños,
de esperar una primavera
que nunca llegó a mis inviernos.
Me cansé de buscar tus pasos
en caminos que no llevaban a nada,
de regalarte mis silencios
y recibir la distancia callada.
Me cansé de amar a solas,
de hablar con tu recuerdo ausente,
de guardar en el pecho heridas
que el tiempo no cura fácilmente.
Pero no me cansé de la vida,
ni del sol cuando amanece,
ni de creer que algún día
un amor sincero aparece.
Hoy dejo partir tu sombra,
sin rencor y sin condena;
porque quien se cansa de sufrir,
merece volver a amar sin pena.
Y aunque el corazón esté cansado,
aún conserva una ilusión escondida:
que después de tantas despedidas,
también existen nuevas bienvenidas...


jueves, 30 de abril de 2026

Cuando te vi...

 

Paseaba a solas por el parque, bajo la lluvia. 

Me sentía observado, pese a la húmeda soledad.

Vi un banco vacío y me acerqué para sentarme,

me daba igual mojarme. Fue entonces cuando te vi,

y me relajé. No me preguntes el motivo, pero sonreí...

domingo, 5 de abril de 2026

... con todas tus cicatrices...

 

Me gusta tu desnudez, en blanco y negro,

tu sonrisa marcada por el paso de los daños,

el brillo de tu ojos camuflado tras las gafas,

tu voz a oscuras, susurrando mis manos.

Me gusta abrazarte y sentir tu inquietud,

tu descarado deambular por mi cuerpo,

tus chanclas descoloridas libres en la orilla,

tus salados besos con sabor a mar,

Sí, me gustas, con todas tus cicatrices...


martes, 24 de febrero de 2026

El veneno del Paraíso...

Sí, vivimos en un paraíso que está lleno de veneno. Las flores y animales con colores más vistosos son los que más tienen, al igual que el amor. Por eso hay que evitar las heridas, para no contagiarnos y morir emponzoñados. Urge vivir perdonando, hacer latir la vida mientras se pueda.

Mi lápiz, mi fiel compañero y psicólogo, lleva tiempo agonizando. Quizás lo contagió mi propia sangre al sacarle punta. Apenas tiene fuerzas para plasmar mis desvaríos y sentimientos. Está totalmente roto y agostado. Creo que ha llegado la hora de dejarlo descansar, no sin antes darle las gracias por todas las cosas que me ayudó a contar. También, como no, agradecido por las cosas que se negó a revelar. No sé si lo hizo por ayudarme o por evitarme daños mayores. Hubo días que se hacía el muerto para que no lo obligara a contar cosas complicadas.

Descansa tranquilo, amigo, yo te perdono y me consta que tú también lo haces conmigo. Has colapsado, rodeado de virutas de colores contagiosos, me he quedado sin voz...


lunes, 9 de febrero de 2026

hasta que la silla quede en silencio...

 

El tiempo cada vez duele más y las heridas curan más lentamente. Te preocupa más mirar donde pisas que observar el horizonte, horizonte que pese a estar más cercano, sabes que nunca alcanzarás... La vista cansada, a veces nula, aún consigue hacerte sonreír cuando cierras los ojos y disfrutas de la memoria... hasta que la silla quede en silencio...

lunes, 5 de enero de 2026

Camino inverso...

 

Desandando el sinuoso camino,
saboreo la falta de equipaje.
Los adioses de antaño saludan,
ya no duelen, son abrazos nuevos.
Besos apagados que se encienden
por última vez, efímeramente...
Sonrío a vuestras lágrimas
y camino en paz,
lentamente,
sin pausa...