Me imagino que ya te habrás enterado de la guerra que me ha declarado el lápiz que heredé de papá. Han pasado demasiadas cosas desde que te fuiste, sí, demasiadas. De tu herencia solo me queda ya algo de fuerzas y voluntad, el resto también se perdió casi todo. Mi casa es un desastre, llena de agujeros y ventanas rotas por donde se cuelan demasiados fantasmas, tanto de día como de noche. Ya ves mi capital, apenas me queda papel, tu Olivetti tiene más teclas rotas que sanas, la cinta apenas con tinta. Una botella de güigki medio vacía y un vaso medio lleno. Me siento demasiado solo aunque aún me son fieles las chanclas, me siguen a todos lados. Hoy me he venido aquí a escribirte mi última carta, quizá te la entregue en mano. Me hicisteis de hierro y yo me he roto como cristal, la típica corrosión de la sal. Solo me oxigena la maresía…
Apenas queda tabaco…




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