Durante años convertí mi vida en pura canalla, no hice nada por conservarme. Me pasé con los Sopistanes, me aficioné demasiado a los shisharrones y le di al Legendario como si el mañana nunca fuese a llegar. Yo creía que aquello era pura vida. Ahora resulta que era calentamiento global... Y aquí estoy ahora, pagando la factura de tantos desmanes. Ya no beso como antes, majogo en plena faena. Antes tenía cierta técnica, bastante resistencia y hasta cierta reputación. Ahora me rozas y se me ponen las piernas a bailar por su cuenta, me crujen las rodillas. Me miras dos segundos y se me desbocan los ojos, que son los únicos que todavía conservan algo de dignidad, quizá por las cataratas. Lo peor es que contigo no necesito ni sol ni calefacción. Me basta con que te arrimes. Y eso sí que es preocupante: porque cuando llegas tú, sube la temperatura, se derrite el hielo y a mí se me funden los plomillos...
"Akaputtao x toslaos"
Historias de un idiota contadas por él mismo
martes, 11 de agosto de 2026
'𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐧𝐞𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨...'
Durante años convertí mi vida en pura canalla, no hice nada por conservarme. Me pasé con los Sopistanes, me aficioné demasiado a los shisharrones y le di al Legendario como si el mañana nunca fuese a llegar. Yo creía que aquello era pura vida. Ahora resulta que era calentamiento global... Y aquí estoy ahora, pagando la factura de tantos desmanes. Ya no beso como antes, majogo en plena faena. Antes tenía cierta técnica, bastante resistencia y hasta cierta reputación. Ahora me rozas y se me ponen las piernas a bailar por su cuenta, me crujen las rodillas. Me miras dos segundos y se me desbocan los ojos, que son los únicos que todavía conservan algo de dignidad, quizá por las cataratas. Lo peor es que contigo no necesito ni sol ni calefacción. Me basta con que te arrimes. Y eso sí que es preocupante: porque cuando llegas tú, sube la temperatura, se derrite el hielo y a mí se me funden los plomillos...
lunes, 10 de agosto de 2026
'𝐓𝐄́ 𝐘 𝐂𝐀𝐅𝐄́...'
servido en una taza de porcelana fina, tan
delicada que hasta el silencio teme romperla.
Me gusta mirarte cuando preparas tu infusión,
mientras yo observo, con cierta desconfianza,
esa cuerdecita que cuelga de tus dedos, como
una pequeña soga para ahorcar el miedo.
Yo soy café fuerte, negro, sin azúcar, servido
en una taza vieja y desconchada por tantas
caídas al suelo y tantas veces que
volvió a levantarse. Nunca té he probado.
Quizá un día me atreva con un par de sorbitos
y termine embrujado por la dulzura de tus manzanas,
por la canela de tus manos, por esa manera tuya de
convertir el agua caliente en una amenaza deliciosa.
Si tú probaras mi café, sentirías la fuerza de lo amargo,
el golpe oscuro de una madrugada, la cicatriz de todos
mis naufragios disuelta en una taza. Y quizá entonces
comprendieras que no somos tan distintos:
tú, té con miedo a romperse; yo, café con miedo a la
cuerda. Podríamos quedar cualquier día para besayunarnos,
sin azúcar, sin cucharillas, sin preguntar quién se bebe a quién.
Tú me das un sorbo, yo te doy otro.
Y entre manzanas, canela y café, quizá acabemos
descubriendo que lo que realmente necesitábamos
era besayunarnos… saboreándonos.
domingo, 9 de agosto de 2026
'𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝘂𝗻̃𝗲𝗰𝗼…'
Tú
querías un juguete
para entretenerte en casa,
un muñeco
obediente
con el corazón de hojalata
y la sonrisa de quien
nunca dice que no.
Pero yo no soportaba las pilas, ni los hilos,
ni
esas manos invisibles que tiran de uno
hasta convertirlo en
marioneta.
Siempre me gustaron las mujeres locas.
Quizá
porque las cuerdas atan,
y yo nací con vocación de fuga.
Ahí
sigo:
inerte, sí, pero a mi aire,
mirando cómo se oxida
el mundo
desde el suelo de esta habitación.
Seguro que
cualquier noche
aparecerá alguien
que me acerque la
botella
y
un cigarrito a los labios,
sin preguntarme de quién soy
ni
quién mueve mis brazos.
Nunca seré tuyo, ventrílocua
infeliz.
No conseguirás esconderme
dentro de tu
garganta
para hacerme decir
lo que lo que no me nace.
Yo
moriré siendo un Carpanta de caricias,
un menesteroso del
amor,
un mendigo con los bolsillos llenos
de abrazos que
nunca llegaron.
Pero si he de morir,
que sea con los hilos
cortados,
las pilas agotadas
y el corazón haciendo
ruido.
Porque antes que muñeco,
prefiero ser cadáver.
Y
antes que obedecerte,
prefiero seguir siendo
ese juguete
roto
que aprendió a caminar
sin que nadie tirara de él…
'𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐫 𝐲 𝐭𝐮́, 𝐂𝐚𝐧𝐝𝐞𝐥𝐚...'
por la desierta orilla del mar,
cuando no hay ruidos,
solo sonidos,
música marina.
Es entonces
cuando la mar se hace mujer
y me acerca a ti.
Ella me recuerda
que hace tiempo nos casamos,
por poderes,
por culpa de la distancia,
y que todavía
no hemos podido consumar
lo que hubiera que consumar.
Demasiado tiempo esperando.
Ya no sé cuántas consumiciones llevo,
pero las gaviotas me miran divertidas
y alguna, incluso,
parece saber más de nosotros que yo.
Entonces miro al horizonte
y comprendo que la mar
está mucho más cerca que tú.
Azul, ella.
Blanca, tú, Candela.
Y yo,
entre las dos,
esperando que algún día
la distancia se canse
de separarnos.
¡𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐛𝐚...’
Tú tenías siempre sueño y preferías dormir, yo apenas dormía porque prefería diseñar mis sueños. La cama nos separaba:
tú me dabas la espalda y te abrazabas a la almohada, yo me iba a hacerle compañía a la luna, le contaba en silencio todo lo que no sabía decirte a ti. Tú cerrabas los ojos para encontrar descanso, yo los mantenía abiertos para no perderte de vista, aunque estuvieras a mi vera. Quizás ese fue nuestro problema:
tú querías dormir conmigo, y yo quería despertar a tu lado. Tú buscabas el sueño refugiada entre las sábanas, yo buscaba un sueño entre tus escondidos ojos.
Tú te entregabas a la noche, yo me resistía a ella, porque sabía que al amanecer seguiríamos estando demasiado lejos...
Y así, noche tras noche, la misma cama, la misma luna, dos cuerpos compartiendo silencio y dos mundos incapaces de encontrarse. Hasta que una madrugada entendí que no era la distancia lo que nos separaba, ni la almohada, ni siquiera el sueño.
Era que mientras tú dormías para olvidarte del mundo, yo soñaba con construir uno contigo. Y aquella noche, por primera vez, dejé de mirar la luna.
Me quedé mirando tu espalda, me arrimé para besarla, para abrazarte, para encontrarnos en tu sueño; pero ya no estabas... Me abracé a tu almohada sin arrugas y me entraron ganas de matar a la luna...
Desde entonces te busco todas las noches, bajo la solitaria lluvia y la constante vigilancia de las puñeteras estrellas y sus silenciosas carcajadas...
sábado, 8 de agosto de 2026
'𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐢𝐨𝐱 𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚...'
No fui capaz de amarte como diox manda, porque soy ateo y diox nunca aprendió mi nombre. Y tú, aunque hermosa como una herejía, eras demasiado protestante para mis incontrolados incendios.
Entre nosotros solo primaba la libertad, ese animal sin dueño que duerme desnuda en los tejados, los ocasos, con su sangre de naranja podrida..., y aquellas barbacoas de chocos salvajes que ardían sobre la noche como pequeños monstruos de sal.
A veces la luna se eclipsaba para no vernos. Nosotros, sin diox, sin iglesia, sin más sacramento que el deseo, brindábamos con los ojos por la improbable certeza de que dos pecadores también pudiesen amarse eternamente, aunque no crean en el cielo que los condena.
viernes, 7 de agosto de 2026
'𝐍𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐩𝐨𝐞𝐭𝐚; 𝐩𝐫𝐞𝐟𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐭𝐫𝐚𝐬...'
Entraré afilado en la garganta de la noche para robarle el tizón con que dibuja los eclipses. Llevaré en los bolsillos los dientes rotos de la luna y un puñado de cuervos ciegos picoteando mi sombra.
No escribiré versos. Abriré las venas del silencio hasta que sangren jazmines negros, y sembraré en los pozos los cenicientos córvidos a los que enseñé a respirar en el olvido.
Que me persigan los relojes ahorcados en las desnudas paredes, los jueces de la tinta, que sigan gritando las campanas con lengua podrida.
Nunca podrán detener a quien cabalga un caballo desbocado por la serreta cruel del viento. Mi oficio no es nombrar la belleza, es desnudarla y desvalijar a la muerte mientras duerme abrazada a la luna. Quiero dejar en los labios del alba una rosa de humo, un cuchillo florecido y los últimos latidos de aquellos dioses que nos separan escondidos bajo una piedra azul.
'𝐌𝐞𝐝𝐢𝐚 𝐝𝐨𝐜𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐚𝐧𝐢𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐞𝐢𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐲 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐨𝐭𝐨𝐧̃𝐨 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚𝐫𝐠𝐨...'
Seis nombres escritos en la fina arena..., seis promesas mojadas con aroma a maresía...,
seis risas que el mar marcó en mi memoria, poco antes de borrarlas con la siguiente marea.
Pero llegó la decadencia otoñal y bastó una, una sola presencia para mostrarme que el frío no siempre viene del viento, que los árboles se ajan también por dentro, que la savia corre más lenta, que los silencios se alargan más que cualquier estación.
Media docena de veranos bastaron para enseñarme, sin ambages, lo que el otoño tatuó sobre mi piel, haciendo mis pasos más lentos, dudosos pero constantes. Hay amores que iluminan los días; otros al marcharse, inventan las sombras...
Y desde entonces, cada primavera me parece un ensayo y cada verano una fotografía en sepia; mientras el otoño, terco y paciente, insiste en pronunciar mi nombre con voz de viento asalvajao.
Sí, media docena de Janis para seis veranos... y solo una para un otoño demasiado largo que insiste en quedarse conmigo mientras me acompaña, serena, hacia la nívea y fría cumbre del eterno invierno, anunciado ya en mi pelo tiempo ha..., sonriendo con firme ternura, sin soltarme la mano...
jueves, 6 de agosto de 2026
'𝐄𝐥 𝐃𝐣 𝐭𝐢𝐞𝐬𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐢𝐧𝐜𝐡𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧 𝐥𝐚́𝐩𝐢𝐳 𝐠𝐚𝐬𝐭𝐚𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐧𝐞𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐚𝐫𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬, 𝐚𝐥 𝐚𝐭𝐚𝐫𝐝𝐞𝐜𝐞𝐫...'
El pobre DJ pinchaba con un lápiz gastao. No sobre discos, sino sobre el silencio, hasta hacerle sangrar música. Al atardecer se subía a los contenedores amarillos, convertidos por la luz en catedrales de oro, llenos de botellas vacías con huellas de fiestas en sus bocas de cristal. Allí bailaba con los bolsillos vacíos y el corazón lleno de ritmos que él mismo había escrito. Siempre improvisaba acorde a los vientos, tanto de levante, poniente o del surf...
Las gaviotas gritaban al compás, el viento hacía de parlantes y el sol, antes de irse al otro lado, bajaba poco a poco el volumen del cielo para escuchar aquella sesión imposible, loca y atrevida.
Nadie le pagaba aunque lo conviaban. Nadie le aplaudía, pero le sonreían. Mas cuando la noche caía sobre la húmeda orilla , las estrellas seguían bailando exactamente como él las había enseñado, descalzas y con los pies llenos de arena. Porque hay DJs que mezclan canciones, otros mezclan con lápices de colores el atardecer con los sueños de quienes todavía creen que la pobreza nunca podrá silenciar la música.









