"Akaputtao x toslaos"
Historias de un idiota contadas por él mismo
domingo, 2 de agosto de 2026
Morir a manos de la poesía...
Fue tu voz la que me conquistó...
Más que tu sonrisa, fue tu voz la que me conquistó. En ella descubrí un lugar donde el miedo olvidaba mi nombre y me enseñaba a volar. Bastaba escucharte para creer que aún quedaban milagros escondidos entre las palabras.
Pero ni siquiera tu voz pudo superar a tu manera de mirarme...
Cuando tus ojos se encontraban con los míos, todo a nuestro alrededor enmudecía. No era una simple mirada; era un hogar para mí, una callada promesa que con caricias curaba mis secretas heridas, aquellas que nunca me atreví a mostrar. En esos ojos entendí que el amor podía decirlo todo sin pronunciar una sola sílaba...
Hoy tu voz resuena cual eco que me abriga en las más frías, solitarias y lentas noches. Tu sonrisa, un recuerdo que se niega a marcharse. Pero es tu forma de mirar la que sigue habitando en mí como hermosa condena. De todas las formas que tuvo tu amor, fue tu manera de mirarme la única que nunca he conseguido olvidar. Quizás nunca lo haga, hay ojos que, aunque algún día dejen de mirarte, jamás dejarán de ser la música callada con la que el viento te nombra...
Y la paloma se ahogó en tus labios...
Desde entonces granadas abiertas navegan por mis arterias, mientras un ciego olivo siembra sal sobre las alas del río.
No eran agua tus besos, eran la sed disfrazada de gentil paloma. Eran el pozo que incita a beber a quien se inclina... la llave sin cerradura, la nieve que quema en la garganta del verano...
Ahora, cada vez que pronuncio tu nombre, un zumo de agrio pomelo hace rilar la luna. Mi niño interior explota como globo demasiado inflado por los huertos de tu silencio… No te busco, eres la sed que me lleva de la mano, con un ramo de espinas dormidas, hasta esa fuente invisible donde el agua prendió tu rostro para no saciar jamás a nadie.
Y la paloma se ahogó en tus labios...
viernes, 31 de julio de 2026
El podador de estrellas...
Donde la luna muerde la sal...
No me importa ocultar tu nombre
en el bolsillo frío de la marea,
ni dormir con un pez de ceniza
mordiéndome la voz.
Mi sentimiento aprendió hace tiempo
a caminar descalzo
sobre las navajas blancas de la espuma.
Lo que me duele es que,
cuando la noche te derrumba
como una campana de agua oscura
y la tristeza abre sus alas de carbón
sobre tus hombros, no escuches
que un árbol de sangrante
está floreciendo por ti
en el nacimiento del viento.
Ignoras que hay un hombre
con el pecho lleno de gaviotas sin luz,
recogiendo trozos de lunas rotas
para coserlas a tu sonrisa.
Si tus lágrimas cayeran al mar,
los peces ignorarían el agua,
las algas vestirían de luto
y la arena daría a luz
mis huellas transparentes.
Ven, tengo un abrazo aguardándote
con manos llenas de horizonte,
y un ramo de besos salvajes
capaz de convertir tu pena
en una brillante luna blanca
que ya nunca volverá a morder la sal.
jueves, 30 de julio de 2026
Noche de luna hiena...
El mar mastica relojes
y tú aún no sabes a sal,
ni al idioma azul
con el que las olas
muerden el horizonte.
Noche de luna hiena.
La mar se peina con cuchillos verdes,
y tú, sin saber todavía a sal,
tus labios guardan
una sombra de caballo
que no encuentra la orilla.
Noche de plenilunio,
y tú, aún sin saber a mar.
Grita tu nombre la marea,
mi silencio se llena de infortunio...
miércoles, 29 de julio de 2026
‘Antes de olvidarte...’
jueves, 23 de julio de 2026
'𝐇𝐮𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐚𝐛𝐚𝐜𝐨...'
constante en el recuerdo…
Humo de tabaco.
Aburrido...
lunes, 6 de julio de 2026
El corazón que desobedeció al tiempo...
El tiempo me fue robando la prisa,
la fuerza de los brazos,
la insolencia de los años.
Me dejó la voz más baja,
el paso más lento
y las manos llenas de memoria.
Pero olvidó llevarse el corazón.
Ese sigue golpeando mi pecho
como un caballo salvaje,
como si el calendario fuera una mentira
y el amor no conociera arrugas.
Qué ironía la mía...
He aprendido a despedirme de tantas cosas,
y, sin embargo,
aún no sé despedirme de ti.
Basta imaginar tu sonrisa
para que vuelva la primavera
a este invierno que habito.
Basta recordar el temblor de tus labios
para que mis noches, tan largas,
se llenen de un fuego
que ningún otoño consigue apagar.
Dicen que el amor pertenece a los jóvenes.
No saben nada.
Los jóvenes aman con el vértigo del descubrimiento;
los viejos amamos con la desesperación
de quien conoce el precio de cada instante.
Por eso te amo así:
sin promesas imposibles,
sin orgullo, sin máscaras.
Te amo con el miedo de perderte
antes de haberte tenido del todo.
Y cuando mi último verso
se quede suspendido en el aire,
no llores por el poeta.
Llora, si acaso,
por ese anciano obstinado
que llegó al final del camino
con el cabello cubierto de nieve...
y el corazón, terco y luminoso,
demasiado joven
para dejar de pronunciar tu nombre.
Creo que el amor más triste
no es el que llega tarde,
sino el que llega cuando
el corazón aún tiene
toda la juventud que el tiempo
le negó al cuerpo.









