domingo, 9 de agosto de 2026

¡𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐛𝐚...’

Tú tenías siempre sueño y preferías dormir, yo apenas dormía porque prefería diseñar mis sueños. La cama nos separaba:

tú me dabas la espalda y te abrazabas a la almohada, yo me iba a hacerle compañía a la luna, le contaba en silencio todo lo que no sabía decirte a ti. Tú cerrabas los ojos para encontrar descanso, yo los mantenía abiertos para no perderte de vista, aunque estuvieras a mi vera. Quizás ese fue nuestro problema:

tú querías dormir conmigo, y yo quería despertar a tu lado. Tú buscabas el sueño refugiada entre las sábanas, yo buscaba un sueño entre tus escondidos ojos.

Tú te entregabas a la noche, yo me resistía a ella, porque sabía que al amanecer seguiríamos estando demasiado lejos...

Y así, noche tras noche, la misma cama, la misma luna, dos cuerpos compartiendo silencio y dos mundos incapaces de encontrarse. Hasta que una madrugada entendí que no era la distancia lo que nos separaba, ni la almohada, ni siquiera el sueño.

Era que mientras tú dormías para olvidarte del mundo, yo soñaba con construir uno contigo. Y aquella noche, por primera vez, dejé de mirar la luna.

Me quedé mirando tu espalda, me arrimé para besarla, para abrazarte, para encontrarnos en tu sueño; pero ya no estabas... Me abracé a tu almohada sin arrugas y me entraron ganas de matar a la luna...

Desde entonces te busco todas las noches, bajo la solitaria lluvia y la constante vigilancia de las puñeteras estrellas y sus silenciosas carcajadas...

sábado, 8 de agosto de 2026

'𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐢𝐨𝐱 𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚...'

 

No fui capaz de amarte como diox manda, porque soy ateo y diox nunca aprendió mi nombre. Y tú, aunque hermosa como una herejía, eras demasiado protestante para mis incontrolados incendios.

Entre nosotros solo primaba la libertad, ese animal sin dueño que duerme desnuda en los tejados, los ocasos, con su sangre de naranja podrida..., y aquellas barbacoas de chocos salvajes que ardían sobre la noche como pequeños monstruos de sal.

A veces la luna se eclipsaba para no vernos. Nosotros, sin diox, sin iglesia, sin más sacramento que el deseo, brindábamos con los ojos por la improbable certeza de que dos pecadores también pudiesen amarse eternamente, aunque no crean en el cielo que los condena.

viernes, 7 de agosto de 2026

'𝐍𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐩𝐨𝐞𝐭𝐚; 𝐩𝐫𝐞𝐟𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐭𝐫𝐚𝐬...'

 

Entraré afilado en la garganta de la noche para robarle el tizón con que dibuja los eclipses. Llevaré en los bolsillos los dientes rotos de la luna y un puñado de cuervos ciegos picoteando mi sombra.

No escribiré versos. Abriré las venas del silencio hasta que sangren jazmines negros, y sembraré en los pozos los cenicientos córvidos a los que enseñé a respirar en el olvido.

Que me persigan los relojes ahorcados en las desnudas paredes, los jueces de la tinta, que sigan gritando las campanas con lengua podrida.

Nunca podrán detener a quien cabalga un caballo desbocado por la serreta cruel del viento. Mi oficio no es nombrar la belleza, es desnudarla y desvalijar a la muerte mientras duerme abrazada a la luna. Quiero dejar en los labios del alba una rosa de humo, un cuchillo florecido y los últimos latidos de aquellos dioses que nos separan escondidos bajo una piedra azul.

'𝐌𝐞𝐝𝐢𝐚 𝐝𝐨𝐜𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐚𝐧𝐢𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐞𝐢𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐲 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐨𝐭𝐨𝐧̃𝐨 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚𝐫𝐠𝐨...'

 

Media docena de Janis para seis veranos, como si el sol aceptara sobornos y el tiempo pudiera contarse en besos.
Seis nombres escritos en la fina arena..., seis promesas mojadas con aroma a maresía...,
seis risas que el mar marcó en mi memoria, poco antes de borrarlas con la siguiente marea.
Pero llegó la decadencia otoñal y bastó una, una sola presencia para mostrarme que el frío no siempre viene del viento, que los árboles se ajan también por dentro, que la savia corre más lenta, que los silencios se alargan más que cualquier estación.
Media docena de veranos bastaron para enseñarme, sin ambages, lo que el otoño tatuó sobre mi piel, haciendo mis pasos más lentos, dudosos pero constantes. Hay amores que iluminan los días; otros al marcharse, inventan las sombras...
Y desde entonces, cada primavera me parece un ensayo y cada verano una fotografía en sepia; mientras el otoño, terco y paciente, insiste en pronunciar mi nombre con voz de viento asalvajao.
Sí, media docena de Janis para seis veranos... y solo una para un otoño demasiado largo que insiste en quedarse conmigo mientras me acompaña, serena, hacia la nívea y fría cumbre del eterno invierno, anunciado ya en mi pelo tiempo ha..., sonriendo con firme ternura, sin soltarme la mano...

jueves, 6 de agosto de 2026

'𝐄𝐥 𝐃𝐣 𝐭𝐢𝐞𝐬𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐢𝐧𝐜𝐡𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧 𝐥𝐚́𝐩𝐢𝐳 𝐠𝐚𝐬𝐭𝐚𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐧𝐞𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐚𝐫𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬, 𝐚𝐥 𝐚𝐭𝐚𝐫𝐝𝐞𝐜𝐞𝐫...'

El pobre DJ pinchaba con un lápiz gastao. No sobre discos, sino sobre el silencio, hasta hacerle sangrar música. Al atardecer se subía a los contenedores amarillos, convertidos por la luz en catedrales de oro, llenos de botellas vacías con huellas de fiestas en sus bocas de cristal. Allí bailaba con los bolsillos vacíos y el corazón lleno de ritmos que él mismo había escrito. Siempre improvisaba acorde a los vientos, tanto de levante, poniente o del surf...

Las gaviotas gritaban al compás, el viento hacía de parlantes y el sol, antes de irse al otro lado, bajaba poco a poco el volumen del cielo para escuchar aquella sesión imposible, loca y atrevida.

Nadie le pagaba aunque lo conviaban. Nadie le aplaudía, pero le sonreían. Mas cuando la noche caía sobre la húmeda orilla , las estrellas seguían bailando exactamente como él las había enseñado, descalzas y con los pies llenos de arena. Porque hay DJs que mezclan canciones, otros mezclan con lápices de colores el atardecer con los sueños de quienes todavía creen que la pobreza nunca podrá silenciar la música.

miércoles, 5 de agosto de 2026

'𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐬𝐨𝐦𝐚 𝐞𝐥 𝐥𝐚́𝐩𝐢𝐳...'

Aunque creas que mis palabras me delatan, sigo escondido entre letras, por donde, de vez en vez, dejo asomar el lápiz para contemplar las prosas que le suceden al día. No busques mi nombre en los trazos que derramo; rara vez habito en aquello que confieso. Prefiero el silencio disfrazado de la metáfora.
Algunas veces paseo disfrazado de poeta, otras prefiero lucir el esmoquin de payaso. Solo me desnudo en la orilla del mar, cuando saco a pasear mis sentimientos, mientras el sol firma su despedida y la noche corrige las imágenes del horizonte que me invento. Siento sin ser visto, como quien siembra preguntas en un huerto abarbechao. Hay palabras que nacieron para revelar, y otras más sabias, para rebelarse y resguardar el misterio. Si alguna vez me descubres, no será por lo que dije, sino por todo aquello que callé, entre un verso y el siguiente. Sabrás entonces que yo apenas dejo, entre las espinas del verso, la impronta de un lápiz que tiembla, mientras el aroma del cedro envuelve cada palabra y el rastro, del color denso del regaliz, sobre el papel, que nadie consigue apresar. 

martes, 4 de agosto de 2026

𝐄𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐧𝐫𝐢𝐬𝐚 𝐜𝐚𝐧𝐚...

Me motejaron como El Caífa, como si yo tuviera la culpa de todas las estaciones.
Tuve que aprender que hay puertas que solo existen para enseñarnos el oficio de esperar. A veces camino despacio, porque el silencio también merece llegar primero alguna que otra vez.
La ciudad enciende sus vitrinas, para vender relojes, promesas y hasta el mismo amanecer con distinto envoltorio. Yo apenas compro un puñado de sombras para recordar que la luz nunca viaja sola.
He visto héroes doblando la espalda por monedas diminutas. También conocí mendigos repartiendo sonrisas, como quien reparte churritos calientes.
Nadie sale sin máculas del tiempo, ni las piedras ni los árboles. Ni este corazón que insiste en latir aunque conozca de memoria el precio de cada adiós.
Si alguna vez preguntan quién fui, no digan mi nombre. Digan solamente que fui un hombre que conversaba con el viento, como si al viento todavía le importaran mis cosas.
Soy, simplemente, el de la sonrisa cana.

domingo, 2 de agosto de 2026

Morir a manos de la poesía...

 

La poesía ha dejado de escribirme cartas. Ahora conspira contra mí. Se reúne en el silencio, soborna a la memoria y pone precio a cada uno de mis recuerdos. Ha dictado una sentencia: hacer desaparecer al hombre para que solo sobreviva la palabra.
Quiere desalojarme de mi propia carne y trasladarme al lápiz que aprieto entre los dedos. Convertirme en la mina que se desgasta, en la madera que cruje, en el polvo de grafito que cae sobre el papel como una ceniza íntima. Ya no seré quien escribe: seré aquello con lo que la poesía se escribe a sí misma.
Cada verso es un golpe de Estado contra mi voluntad. Cada metáfora derriba una frontera que creía inexpugnable. Me invade despacio, con la paciencia de la lluvia que termina horadando la piedra. Me roba la voz para devolvérmela convertida en un idioma que ni yo mismo reconozco.
Y, sin embargo, no huyo.
Porque sospecho que morir a manos de la poesía es la única forma digna de permanecer vivo. Si un día alguien encuentra mi cuerpo, que no busque un corazón entre mis costillas. Encontrará un lápiz gastado, todavía tibio, escribiendo el último verso de un hombre al que la poesía asesinó para concederle, por fin, la eternidad.

Fue tu voz la que me conquistó...

 

Más que tu sonrisa, fue tu voz la que me conquistó. En ella descubrí un lugar donde el miedo olvidaba mi nombre y me enseñaba a volar. Bastaba escucharte para creer que aún quedaban milagros escondidos entre las palabras.

Pero ni siquiera tu voz pudo superar a tu manera de mirarme...

Cuando tus ojos se encontraban con los míos, todo a nuestro alrededor enmudecía. No era una simple mirada; era un hogar para mí, una callada promesa que con caricias curaba mis secretas heridas, aquellas que nunca me atreví a mostrar. En esos ojos entendí que el amor podía decirlo todo sin pronunciar una sola sílaba...

Hoy tu voz resuena cual eco que me abriga en las más frías, solitarias y lentas noches. Tu sonrisa, un recuerdo que se niega a marcharse. Pero es tu forma de mirar la que sigue habitando en mí como hermosa condena. De todas las formas que tuvo tu amor, fue tu manera de mirarme la única que nunca he conseguido olvidar. Quizás nunca lo haga, hay ojos que, aunque algún día dejen de mirarte, jamás dejarán de ser la música callada con la que el viento te nombra...

Y la paloma se ahogó en tus labios...

 
Bebí de tu boca como el asno, noble y confiado, bebe del espejo donde la luna esconde sus espinas. mas el agua llevaba culebras mordiéndole la sombra a los juncos del pecho.
Desde entonces granadas abiertas navegan por mis arterias, mientras un ciego olivo siembra sal sobre las alas del río.
No eran agua tus besos, eran la sed disfrazada de gentil paloma. Eran el pozo que incita a beber a quien se inclina... la llave sin cerradura, la nieve que quema en la garganta del verano...
Ahora, cada vez que pronuncio tu nombre, un zumo de agrio pomelo hace rilar la luna. Mi niño interior explota como globo demasiado inflado por los huertos de tu silencio… No te busco, eres la sed que me lleva de la mano, con un ramo de espinas dormidas, hasta esa fuente invisible donde el agua prendió tu rostro para no saciar jamás a nadie.
Y la paloma se ahogó en tus labios...