jueves, 20 de agosto de 2026

'𝐐𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐬𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐥𝐚𝐜𝐞𝐫…'

La música es el mejor remedio contra tu ruidosa ausencia. La poesía, el mejor remedio contra mi soledad...

El miedo es un sinvivir; la valentía, a veces, la mejor manera de morir. Yo prefiero desangrarme sobre el papel, libre, sin vendas ni suturas.

No soy valiente, quizá solo un inconsciente enamorado de la vida.

Hay quien ama por temor al silencio. Yo amo porque no puedo vivir sin descubrir sentimientos nuevos, sin adentrarme en esos lugares donde el corazón todavía no sabe qué nombre ponerle a lo que siente. Nadie puede luchar contra el gigante que te impide vivir tus sueños, pero los sueños no entienden de gigantes: piden a gritos ser vividos.

Que nadie cierre tu libro. Que nadie escriba por ti el final. Y que el dolor, alguna vez, se muera de placer.

miércoles, 19 de agosto de 2026

'𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐫𝐨𝐧...'

 
Alonso Quijano fue un hidalgo pobre que perdió definitivamente la razón de tanto escribir novelas de caballería. Tal era su desvarío mental que, al ser manco en palabras, a veces llegaba a creerse que era Cervantes, Príncipe de los Ingenios, aunque nadie sabía muy bien quién era ese tal Cervantes.
En uno de sus primeros y más descarados trastornos se enamoró perdidamente de una pastorcilla francesa de mirada incendiaria llamada Galatea. Pero, para disimular ante el vecindario y evitar cotilleos, él la llamaba Dulcinea. Cosas de la discreción manchega.
Por otro lado, Alonso era muy amigo de un tal Danny DeVito, un yanqui que trabajaba en la vecina base de Torrijón de Ardor. Debido a su escasa estatura y a su desmedida afición a los montaítos, Quijano lo motejó, con descarada sorna, como «Recortaete y Montadillo».
A veces también lo llamaba Chancho Panza, porque el hombre tenía cierta tendencia a retener pringue. Dicen que, cuando se comía un bocaíllo de zurrapa de lomo con manteca colorá, necesitaba una docena de servilletas, una bayeta y la intervención de la Guardia Civil.
En fin, que Cervantes, nunca existió, ni usó jamás un lepanto ni participó en batalla alguna. Todo fue fruto de los desvaríos de Alonso Quijano, que mezclaba molinos, gigantes, caballeros, franceses y yanquis de una manera que ni él mismo entendía.
Pero hay más.
Otra cosa de la que jamás se habló es que, en cierta taberna complutense que alquilaba jergones por horas y donde el pirriaque tenía más graduación que la moral de los parroquianos, Alonso dejó preñá a la mencionada Galatea.
Fruto de aquel encuentro accidental —y de alguna que otra jarra de mollate barato— nació una criatura que, con el tiempo, se haría famosa por aquellos lares: Estrellita Castro.
La muchacha salió artista, cantó coplas y llegó a ser muy popular. Aunque, años después, abandonó los escenarios para dedicarse a algo mucho más lucrativo y menos sacrificado: hacerse influencer y tiktokera.
Y así fue como terminó la verdadera historia de Don Quijote.
Lo demás —los molinos, Sancho, Dulcinea, Cervantes, Rocinante y toda aquella mandanga— son cosas que se inventaron después entre
Pérez-Reverte, Pedro Pacheco y Boris Izaguirre para vender libros.
Y todavía hay quien se lo cree...
(To be continued... or not)

domingo, 16 de agosto de 2026

‘𝐌𝐚́𝐬𝐭𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐛𝐞...’

Siento amor canalla por una mujer de bandera, de esas que, aun sin serlo, parecen intocables diosas. Tú no eres Astarté, pero a mis venas quisiera yo amarrarte, como quien ata al mástil una nube para que no escape.

Quisiera estar contigo, sí, tenerte cerca, beberme la distancia que nos separa y dejar que tu nombre me corra por la sangre. Pero me cloroformo con ser. Con ser lo que soy cuando no te tengo y lo que dejo de ser cuando te pienso. Me anestesio en esta dulce condena de desearte sin poseerte, de tenerte en la imaginación y perderte en la realidad.

Porque contigo todo es mío y nada me pertenece. Tan mía, tan tuya. Tan cerca de mi piel y tan lejos de mis manos. Y yo, pobre canalla enamorado, sin saber si quiero salvarme de ti o condenarme para toda la eternidad...

sábado, 15 de agosto de 2026

'𝐎𝐃𝐀 𝐄𝐒𝐂𝐀𝐐𝐔𝐄𝐀𝐃𝐀...'

¿De qué me sirve la música
si no puedo tocarte?
Portas la victoria;
yo me rindo, sin condiciones.
¿Para qué me sirve tu luminosidad
si no puedo escribirte?
Eres poesía,
esa que no puedo 𝒃𝒆𝒓𝒔𝒂𝒓...
Me tenéis las manos presas,
sin ataduras.
No hay refugio para mí,
no me socorre la locura.
Los cielos sueñan,
pero no me amparan.
Pánico siento ante mi lucidez,
tan descarada,
tan despierta
cuando debería dormir.
Reinas de la Noche,
moriré sobre escaques,
en blanco y negro,
desangrado entre torres y alfiles,
mientras las ondas
siguen llevando vuestra música
hasta un lugar
donde jamás podré interpretaros...

jueves, 13 de agosto de 2026

La verdad que quieren eclipsar algunos lunáticos...

Guerras, matanzas, incendios, danas, terremotos, invasiones, violencia, satrapismo, bulos, y tú más...
Esto es lo que realmente quieren eclipsar algunos lunáticos...

¡𝐕𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐬𝐭𝐫𝐞𝐜𝐢𝐥𝐥𝐨...!

 
No soy poeta ni quiero serlo. Apenas me considero un sencillo hilvanador de letras maltratadas, desechadas y percudidas, palabras que otros abandonaron en cunetas anónimas y que yo recojo con paciencia, como quien rescata viejos retales en el desván del olvido. Durante la paz de la noche las pulo a mi manera y las uno, con o sin rima, pero siempre con el hilo fuerte del cáñamo que ya es apenas usado: ese hilo resistente de la calma, de la memoria y del tiempo lento.
No puedo decir que sea 'El sastrecillo valiente', no uso aguja de oro ni dedal de plata. Solo remiendo silencios, zurzo nostalgias y coso pequeños pedazos de vida para que no se deshilachen del todo. Sin embargo, no me ofende que algunos, al contemplar a este humilde remendador de palabras, me griten con mal disimulada sorna:
—¡Ahí va 'El valiente desastrecillo'!
Porque quizá la verdadera valentía no consista en escribir grandiosas obras, sino en seguir recogiendo letras malheridas y darles la oportunidad de volver a respirar luciendo nuevo estilo...

miércoles, 12 de agosto de 2026

'𝐇𝐮𝐦𝐢𝐥𝐝𝐞 𝐲 𝐞𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐚𝐝𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫...'

 
Por favor, no se mofen de este vuestro humilde radiador. Hoy es día señalado, día de eclipse solar, y el que susescribe no sabe cómo vestirse ni cómo protegerse los faros. Tampoco sé si debo usar luces largas, de cruce o antiniebla. Soy de pocas luces y, a estas alturas, cualquier consejo lumínico me vendría de perlas. No sé qué pasará cuando la luna abrace al febo, pero algo tengo claro: ante tanta oscuridad, tanta precaución y tanto faro tapao, volveré a casa con un siego total… y probablemente, con cristales por sombrero...

martes, 11 de agosto de 2026

'𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐧𝐞𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨...'

 

A mí también me ha pasado factura el cambio climáxtico. Tengo el corazón en llamas, el cuerpo bajo cero y los sentimientos haciendo el canelo, como si se hubieran quedado sin pronosticar...
Durante años convertí mi vida en pura canalla, no hice nada por conservarme. Me pasé con los Sopistanes, me aficioné demasiado a los shisharrones y le di al Legendario como si el mañana nunca fuese a llegar. Yo creía que aquello era pura vida. Ahora resulta que era calentamiento global... Y aquí estoy ahora, pagando la factura de tantos desmanes. Ya no beso como antes, majogo en plena faena. Antes tenía cierta técnica, bastante resistencia y hasta cierta reputación. Ahora me rozas y se me ponen las piernas a bailar por su cuenta, me crujen las rodillas. Me miras dos segundos y se me desbocan los ojos, que son los únicos que todavía conservan algo de dignidad, quizá por las cataratas. Lo peor es que contigo no necesito ni sol ni calefacción. Me basta con que te arrimes. Y eso sí que es preocupante: porque cuando llegas tú, sube la temperatura, se derrite el hielo y a mí se me funden los plomillos...

'𝐍𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐲𝐚 𝐞𝐝𝐚𝐝...'

 

lunes, 10 de agosto de 2026

'𝐓𝐄́ 𝐘 𝐂𝐀𝐅𝐄́...'

 

Tú eres té con aroma de manzana y canela,
servido en una taza de porcelana fina, tan
delicada que hasta el silencio teme romperla.
Me gusta mirarte cuando preparas tu infusión,
mientras yo observo, con cierta desconfianza,
esa cuerdecita que cuelga de tus dedos, como
una pequeña soga para ahorcar el miedo.
Yo soy café fuerte, negro, sin azúcar, servido
en una taza vieja y desconchada por tantas
caídas al suelo y tantas veces que
volvió a levantarse. Nunca té he probado.
Quizá un día me atreva con un par de sorbitos
y termine embrujado por la dulzura de tus manzanas,
por la canela de tus manos, por esa manera tuya de
convertir el agua caliente en una amenaza deliciosa.
Si tú probaras mi café, sentirías la fuerza de lo amargo,
el golpe oscuro de una madrugada, la cicatriz de todos
mis naufragios disuelta en una taza. Y quizá entonces
comprendieras que no somos tan distintos:
tú, té con miedo a romperse; yo, café con miedo a la
cuerda. Podríamos quedar cualquier día para besayunarnos,
sin azúcar, sin cucharillas, sin preguntar quién se bebe a quién.
Tú me das un sorbo, yo te doy otro.
Y entre manzanas, canela y café, quizá acabemos
descubriendo que lo que realmente necesitábamos
era besayunarnos… saboreándonos.