viernes, 12 de enero de 2018

El gorrioncillo camuflado...

Llevo más de la mitad de mi vida de hospital en hospital, siempre con algún hueso roto o medio escacharrao. Rara es la parte de mi esqueleto que no tiene algún tornillo, clavo o cerclaje. Pese a lo que pudiera parecer, los médicos me dicen que tengo una salud envidiable, pese a mi azarosos y agostados años. Dicen que de calcio estoy magnífico y que es por ello el que me recupere tan pronto de mis intervenciones quirúrgicas. Algo inexplicable.

Hace unos años, en una excursión que hice por los Pirineos, me encontré un gorrioncillo aún desnudo, muerto de frío y que no paraba de piar. Se ve que se había caído del nido. Lo recogí y me lo traje a casa donde lo cuidé y mimé con sumo esmero. Lo quiero como si lo hubiera parido, pese al trabajo que me da porque caga como una persona mayor.

Hace unos días pasó por casa mi entrañable amigo Manuel Muñoz López, maestro cetrero de reconocida fama. Empezamos a compartir unos botellines, sólo los botellines puesto que los personajes como nosotros solemos llevar siempre encima un kit básico de supervivivencia, abridor incluido. Manué empezó a dar una charla increíblemente ilustrativa sobre las aves rapaces, disfruta el joío hablando del tema. Al poco, la conversación derivó sobre el último pavo que había sacrificado y que, plumas aparte, pesó 17 kgs. Ya empezaba a picarme la moral, puesto que sólo hablaba él y quise enseñarle mi gorrioncillo.

Le dije ar Manué que me acompañara a la terraza, que le quería enseñar mi gorrión, que ya andaba el puñetero con cerca de 7 kilos. Nada más verlo a mi amigo se le pusieron los ojos como platos y exclamó:

-¡Juer, eso es un Gypaetus barbatus!
+¡¿Qué dices Manué, con la tajá?!, contesté yo.
-Oñío, Caífa, que eso no es un gorrión, eso es 
¡UN QUEBRANTAHUESOS!

Mardita zea mistampa, ahora lo entiendo todo...

jueves, 28 de diciembre de 2017

y he seguido caminando...



Cientos de hojas muertas, el banco mudo. Me cuentan historias que nunca serán escuchadas ni sentidas. Las huelleo con una mezcla de felicidad y tristeza. La paz del solitario que madruga y muere en el silencio. Llueve, qué más da. Sólo me mojo por dentro. No molestar a los muertos, dejadlos descansar. No he podido resistir la tentación de sentarme. He cogido una hoja, tras besarla la he soltado de nuevo. Le he deseado un feliz descanso y he seguido caminando... sosegado...

domingo, 29 de octubre de 2017

Democracia...


Corría el año 1973. Apenas tenía yo quince años. Recuerdo que mi innata rebeldía hacía que mi padre y yo estuviéramos en continua discordia. Un buen día le dije a mi padre que quería la independencia. Mi padre, en contra de sus deseos, me la dio. Me dijo: ahí tienes la puerta. Salí de casa con unos vaqueros, una camisa roja de cuadros y unas botas camperas. Mi padre murió a los dos años sin dejar cerrada nunca la puerta. Por tanto, se podría decir, que llevo independiente 44 años y 42 de ellos, huérfano. Pese a todo, nunca renuncié a mis orígenes ni a mis principios. Hoy en día, me siento orgulloso de mi padre y también de mi rebeldía. La libertad tiene un precio que no todos están dispuestos a pagar. Aunque parezca un contrasentido, seguí siempre unido a la mamá patria y al resto de las autonomías. Todas con distintos nombres y maneras de pensar, pero compartiendo, con orgullo, los mismo apellidos.

Tenoroween...

-No es verdad, ángel de amor, que en este estelada orilla Cataluña ya no chilla y ya no se respira Puigdemont?
+Callad, Señera Inés, sólo disponemos de 155 minutos, póngase vos el DIU, que no podemos perder el tiempo, que el 21 se acaban las erecciones y a saber cuándo las volvamos a tener.
-Pues al lío, Don Juan, no se hable de Mas, que jamás vi mejor manera de sedición y me tenéis con las carnes abiertas, de par en paz....
+Señera mía, ¿Jalobien?...

lunes, 16 de octubre de 2017

my crazy backpack...


I'm no one, just get a worn and broken jeans, tired shoes. 
I am hungry but not cold, empty are my pockets, 
my hurt heart but I have many things 
to dream yet into my crazy backpack...

domingo, 24 de septiembre de 2017

... de ella, de la flor.


Caminaba por la calle, cabizbajo y triste, cuando reparé en una chica elegantemente vestida que iba delante de mí.
Jugaba distraídamente con una rosa blanca entre las manos.
De pronto se giró, me sonrió y dejó caer la flor.
Corrí a recogerla. Se la ofrecí con mi mejor sonrisa y, cuando nuestros ojos se encontraron, sentí aquel extraño cosquilleo que anuncian las novelas románticas.
Me quedé prendado al instante.
De ella, de su sonrisa, de su mirada, de su elegancia.
Pero, sobre todo… de la rosa.
Porque la chica se había marchado hacía tres calles, por lo menos.

domingo, 6 de agosto de 2017

Sólo muere quien es olvidado...



Si bien es cierto que soy agnóstico total, no es menos cierto que ciertas enseñanzas me dejan con la mirada perdida en el horizonte. Esta semana he aprendido que, según Bhuda, no hay que llorar a los muertos, porque nuestra pena les llena de tristeza y así nunca conseguirán la paz completa que necesitan para descansar. Recordadlos y honradlos, sonreírles alguna que otra vez... Sólo muere quien es olvidado.

Jilguero soy...

Cientos de veces me pusiste la cara colorada
y con el sol quemaste mi pequeña figura alada.
Vestido de negro me pusiste en ocasiones,
en otras, tuve que tragar algunos marrones.
Me dejaste en blanco con tus varios desatinos.
Gracias por el traje, nunca me quitarás el trino.
Sí, colorido, silvestre, locuaz, payaso, soy jilguero.
Mátame, si pretendes que deje de ser lo que quiero...