Lloraba a diario el lápiz, con rabia,
golpeando desesperado el papel.
Tatuada quedó la huérfana mesa,
historias en alma agostada...
Historias de un idiota contadas por él mismo
Amo a la gente que sabe leer los labios,
ni os cuento si además saben leer un mirar.
Si encima saben escuchar lo que no se dice,
tocar sin un roce y ver en los silencios,
es ya puro blues…