Me cansé de escribir tu nombre
en las esquinas de
mis sueños,
de esperar una primavera
que nunca llegó a
mis inviernos.
Me cansé de buscar tus pasos
en caminos que
no llevaban a nada,
de regalarte mis silencios
y recibir la
distancia callada.
Me cansé de amar a solas,
de hablar con
tu recuerdo ausente,
de guardar en el pecho heridas
que el
tiempo no cura fácilmente.
Pero no me cansé de la vida,
ni
del sol cuando amanece,
ni de creer que algún día
un amor
sincero aparece.
Hoy dejo partir tu sombra,
sin rencor y
sin condena;
porque quien se cansa de sufrir,
merece volver
a amar sin pena.
Y aunque el corazón esté cansado,
aún
conserva una ilusión escondida:
que después de tantas
despedidas,
también existen nuevas bienvenidas...

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