jueves, 23 de julio de 2026

'𝐇𝐮𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐚𝐛𝐚𝐜𝐨...'

 

Desde que te vi por vez primera,
fumando en la orilla, aquel atardecer
supe que había demasiada distancia
como para alcanzarte con mis pasos.

El mar estaba silente,
el humo pintaba sueños en el aire
y tu silueta me confundía
eras la última luz del día.

Sabía que nunca te alcanzaría,
que serías lejano horizonte,
esa belleza que se contempla
sin llegar jamás a rozar.

Pero aún así,
cada ocaso regreso a la orilla,
porque hay amores que se sueñan eternamente,
y agonizan en un sinvivir,

constante en el recuerdo…

Humo de tabaco.


Aburrido...

 

Años para extraerte de mi cabeza,
para quitar tu nombre del viento,
para dejar de buscarte
en cada esquina del recuerdo.
Años luchando con tu sombra,
haciendo del olvido un oficio,
convencido de que mi libertad
empezaba donde terminabas tú.
Y por fin lo conseguí.
Ya no me dueles.
Ya no te cuelas en mis noches.
Ya no pregunto al mar por tus huellas,
ni al silencio por tu voz.
Pero qué extraña victoria...
Ahora que por fin te saqué de mí,
me reboza el tiempo,
me falta el incendio,
y hasta el corazón bosteza.
Quién iba a decirlo.
Tantos años para sacarte de mi cabeza...
y ahora que lo he conseguido,
estoy aburrido.


lunes, 6 de julio de 2026

El corazón que desobedeció al tiempo...

 

El tiempo me fue robando la prisa,
la fuerza de los brazos,
la insolencia de los años.
Me dejó la voz más baja,
el paso más lento
y las manos llenas de memoria.
Pero olvidó llevarse el corazón.
Ese sigue golpeando mi pecho
como un caballo salvaje,
como si el calendario fuera una mentira
y el amor no conociera arrugas.
Qué ironía la mía...
He aprendido a despedirme de tantas cosas,
y, sin embargo,
aún no sé despedirme de ti.
Basta imaginar tu sonrisa
para que vuelva la primavera
a este invierno que habito.
Basta recordar el temblor de tus labios
para que mis noches, tan largas,
se llenen de un fuego
que ningún otoño consigue apagar.
Dicen que el amor pertenece a los jóvenes.
No saben nada.
Los jóvenes aman con el vértigo del descubrimiento;
los viejos amamos con la desesperación
de quien conoce el precio de cada instante.
Por eso te amo así:
sin promesas imposibles,
sin orgullo, sin máscaras.
Te amo con el miedo de perderte
antes de haberte tenido del todo.
Y cuando mi último verso
se quede suspendido en el aire,
no llores por el poeta.
Llora, si acaso,
por ese anciano obstinado
que llegó al final del camino
con el cabello cubierto de nieve...
y el corazón, terco y luminoso,
demasiado joven
para dejar de pronunciar tu nombre.
Creo que el amor más triste
 
no es el que llega tarde,
sino el que llega cuando
 
el corazón aún tiene
toda la juventud que el tiempo
 
le negó al cuerpo.