jueves, 12 de abril de 2012

Dijiste tanto que no puedo callarme.

Dijiste que mi voz es poesía y me dejaste sin palabras.
Dijiste que te gustaban mis palabras y me dejaste sin voz.
Dijiste que te gustaban mis ojos y al instante me cegaste.
Dijiste que te gustaban mis manos y me paralizaste.
Dijiste que yo te gustaba y toda tú me encantaste.
Dijiste que te gustaban mis escritos y me agostaste.
Dijiste que me amabas y, al instante, recuperé la voz,
la vista, la agilidad en las manos y las ganas de
escribirte. Sólo de una cosa no me libraste:
¡SIGO ENCANTADO!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué bello!
En nuestra vida hay gente efímera que pasa , brilla y desaparece. Gente tornátil que hoy te agrede cuando ayer te ofrecía la máxima atención , y hay gente que se detiene , que busca la esencia de nosotros mismos descartando artificios, gente que abre una brecha en nuestro corazón , que se cuela en él y que perdura , que sobrevive a cualquier ataque del olvido.

Anónimo dijo...

Bellisimo, como todo lo tuyo, seguramente... bien del alma,total... Si, es bellisimo esto!