viernes, 31 de julio de 2026

Donde la luna muerde la sal...


No me importa ocultar tu nombre

en el bolsillo frío de la marea,

ni dormir con un pez de ceniza

mordiéndome la voz.

Mi sentimiento aprendió hace tiempo

a caminar descalzo

sobre las navajas blancas de la espuma.

Lo que me duele es que,

cuando la noche te derrumba

como una campana de agua oscura

y la tristeza abre sus alas de carbón

sobre tus hombros, no escuches

que un árbol de sangrante

está floreciendo por ti

en el nacimiento del viento.

Ignoras que hay un hombre

con el pecho lleno de gaviotas sin luz,

recogiendo trozos de lunas rotas

para coserlas a tu sonrisa.

Si tus lágrimas cayeran al mar,

los peces ignorarían el agua,

las algas vestirían de luto

y la arena daría a luz

mis huellas transparentes.

Ven, tengo un abrazo aguardándote

con manos llenas de horizonte,

y un ramo de besos salvajes

capaz de convertir tu pena

en una brillante luna blanca

que ya nunca volverá a morder la sal.

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