Años
para extraerte de mi cabeza,
para quitar tu nombre del
viento,
para dejar de buscarte
en cada esquina del
recuerdo.
Años luchando con tu sombra,
haciendo del olvido
un oficio,
convencido de que mi libertad
empezaba donde
terminabas tú.
Y por fin lo conseguí.
Ya no me dueles.
Ya
no te cuelas en mis noches.
Ya no pregunto al mar por tus
huellas,
ni al silencio por tu voz.
Pero qué extraña
victoria...
Ahora que por fin te saqué de mí,
me reboza
el tiempo,
me falta el incendio,
y hasta el corazón
bosteza.
Quién iba a decirlo.
Tantos años para sacarte de
mi cabeza...
y ahora que lo he conseguido,
estoy aburrido.

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