martes, 4 de agosto de 2026

๐„๐ฅ ๐๐ž ๐ฅ๐š ๐ฌ๐จ๐ง๐ซ๐ข๐ฌ๐š ๐œ๐š๐ง๐š...

Me motejaron como El Caรญfa, como si yo tuviera la culpa de todas las estaciones.
Tuve que aprender que hay puertas que solo existen para enseรฑarnos el oficio de esperar. A veces camino despacio, porque el silencio tambiรฉn merece llegar primero alguna que otra vez.
La ciudad enciende sus vitrinas, para vender relojes, promesas y hasta el mismo amanecer con distinto envoltorio. Yo apenas compro un puรฑado de sombras para recordar que la luz nunca viaja sola.
He visto hรฉroes doblando la espalda por monedas diminutas. Tambiรฉn conocรญ mendigos repartiendo sonrisas, como quien reparte churritos calientes.
Nadie sale sin mรกculas del tiempo, ni las piedras ni los รกrboles. Ni este corazรณn que insiste en latir aunque conozca de memoria el precio de cada adiรณs.
Si alguna vez preguntan quiรฉn fui, no digan mi nombre. Digan solamente que fui un hombre que conversaba con el viento, como si al viento todavรญa le importaran mis cosas.
Soy, simplemente, el de la sonrisa cana.

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