El pobre DJ pinchaba con un lรกpiz gastao. No sobre discos, sino sobre el silencio, hasta hacerle sangrar mรบsica. Al atardecer se subรญa a los contenedores amarillos, convertidos por la luz en catedrales de oro, llenos de botellas vacรญas con huellas de fiestas en sus bocas de cristal. Allรญ bailaba con los bolsillos vacรญos y el corazรณn lleno de ritmos que รฉl mismo habรญa escrito. Siempre improvisaba acorde a los vientos, tanto de levante, poniente o del surf...
Las gaviotas gritaban al compรกs, el viento hacรญa de parlantes y el sol, antes de irse al otro lado, bajaba poco a poco el volumen del cielo para escuchar aquella sesiรณn imposible, loca y atrevida.
Nadie le pagaba aunque lo conviaban. Nadie le aplaudรญa, pero le sonreรญan. Mas cuando la noche caรญa sobre la hรบmeda orilla , las estrellas seguรญan bailando exactamente como รฉl las habรญa enseรฑado, descalzas y con los pies llenos de arena. Porque hay DJs que mezclan canciones, otros mezclan con lรกpices de colores el atardecer con los sueรฑos de quienes todavรญa creen que la pobreza nunca podrรก silenciar la mรบsica.

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